¡VAMOS, AMÉRICA!

#EscritoConElAlma

El rojo fue una avalancha. Se llevó por delante a su rival, más raquítico que el sábado, y con el paso de los minutos le aseguraba al hincha remilgoso de oficio, con el lenguaje del fútbol y la entrega,  que aún es posible abrazar la ilusión.  El primer gol llegó y el grito extendido de la pasión no daría tregua en la noche ordinaria de mayo.  El rojo siguió, fue constante. El rojo jugó, fue serio. El rojo presionó, fue práctico. El rojo; aunque muchos dirán que muy tarde, fue ambicioso. Daniel Quiñónez recuperó un balón en el área rival y asistió a Cabrera…  El segundo estallaba en la garganta; y en la mente el reproche eterno a Cabrera, que nos debe un partido como el de hoy, pero ante un rival de verdad. ¡Goooool!

El monólogo seguía su marcha en la cancha a la espera del tercero que no tardaría en llegar. Y fue un hermoso.  Un gol que valdría la pena recrear en la esquina inferior derecha de un cuaderno, dibujado cuadro a cuadro y luego verlo al pasar las hojas una y otra vez. El centro de Cabrera, la mirada absorta de defensores y atacantes, el balón que pasa lejos de sus cabezas, el destello de las cámaras, el balón cerca de tocar el césped, Flórez en la esquina del área, un toque seco, el  balón de vuelta, la mirada absorta de defensores y atacantes, la frustración del arquero, el balón en la red y los abrazos. ¡Gooolazo!

Cómo duele ese primer partido…

El ritmo bajó y asomó un tono a cosa resuelta. El corazón y los sentidos se instalaron en el partido del sábado y en el más factible de los tres resultados.  Y mientras el balón rodada con rumbo al final y quizás al cuarto, caían a la mente como un tráiler de suspenso las imágenes de la impotencia versus Millonarios y el peloteo infinito con Pasto. Estamos en la pelea; pero, cómo duele eso hoy cuando el rojo toca y toca administrando una victoria. Flórez insatisfecho con el gol de colección, desde mitad de cancha trazó con su pie izquierdo un pase preciso, perfecto. Una asistencia ondulada  que Aristeguieta recibió y no tuvo más remedio que llevar a la red. ¡Gooool!

El partido terminó y los aplausos volvieron a caer de la tribuna.  Los brazos volvieron a sacudir ese movimiento de furia positiva y la ilusión tímidamente asoma su nariz. Estamos a 90 minutos y un resultado de volver a depender de nosotros y nuestro fútbol irregular, impredecible y muchas veces abstracto.  ¿Y si empatan? Si nos volvemos a ilusionar y caemos de nuevo, seguramente el golpe será más fuerte y devastador. Pero, qué importa el golpe. ¡VAMOS, AMÉRICA!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

0Shares