UNA GRAN UTOPÍA

#EscritoConElAlma

AMÉRICA 1 – Once Caldas 1

UNA GRAN UTOPÍA

Es que, mi hermano, sin meter goles es muy jodido. Una reflexión corta y lastimera… Ya ni siquiera una cerveza sabe igual viendo jugar a este equipo. Un penal, una bajo el arco y otra que pudo ser un par más; todas afuera. Ese asunto de meter un gol con la camiseta de América se ha vuelto una gran utopía. Parecen tullidos cuando están frente al  arco. – Carajo, un gol –

Sin embargo, cuando la rabia iniciaba su tradicional hervor  y la paciencia claudicaba; un oasis alumbró, de repente, la fría y desolada noche. Un rebote, no hay otra forma la verdad, quedó en el solar del área rival donde, como una emanación asomó Quiñones. Un niño, de esos que alguna vez soñaron vestirse de rojo y jugar en primera, empujó levemente el balón y luego, alzó la mirada lanzando un pase precioso a la red. ¡Gran gol! Un niño tuvo que aparecer donde los grandes, que cobran millones gruesos, jamás aparecieron.  Sonríe el niño que representa aquellos que alguna vez soñamos jugar en primera. Sonríe tenuemente el hincha pues sabe que es un gol casi inútil. Y sobre todo sonríe el padrino “altruista” de ese muchacho, pues su bolsillo se estremeció de nuevo. Gol de América.

El equipo tuvo cómo marcar el segundo y sellar una victoria anodina.  Pero, los nuestros siguieron fallando, el rival creció y el entrenador, que en la tribuna preparaba el apunte para sacar risas en ruedas de prensa, metió mano… Ojalá algún día un cojonudo se las amarre bien y nos explique por qué razón Dájome juega, es titular y prácticamente insustituible.  Ojalá.  El rival empató y el partido lentamente llegó al final.

Esta tragicomedia  terminó como empezó por allá en el lejano ocaso de julio. Con las tribunas vacías y la decepción incubada. Con un equipo triste y desabrido en cancha. Con la ilusión castrada de volver a sonreír. Terminó como terminan las cosas mal hechas, porque hasta para sacar la basura hay que tener un plan. El Pascual, el nuevo, en el que apenas hemos podido sonreír una tarde, cierra sus puertas para el pueblo maltratado… En medio de estruendos, putazos del alma, rabia y profunda decepción, se cierra la puerta de la casa profanada donde volveremos, en febrero, un poco más viejos, para ver si al fin alguien gerencia en serio esta mina de oro que puede llegar a ser América de Cali. Hasta entonces, putearé mil veces hasta que se vayan todas las naranjas podridas, con Dájome a la cabeza, y esperaré en silencio envuelto en una terquedad crónica, por otro gol de mi amado América de Cali; una gran utopía.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

0Shares