97 MINUTOS

#EscritoConElAlma

Junior 0 – AMÉRICA 0

97 MINUTOS

 

El semestre, que terminó hace un par de semanas cuando los puntos se esfumaron, estiraba la tarde de hoy un nuevo aliento. Lanzaba una oportunidad para terminar con algo de decoro y dignidad, si se quiere, otro campeonato para el olvido.  El balón rodó y todo, lamentablemente, fue una continuación precaria de eso que ya puteamos hasta la saciedad.

Arratonados. Escondidos. Asumiendo desde los himnos el rol del rival inferior. Incapaces de ir al frente, de hilar una serie de pases y juntar un par de compañeros. Sumidos en una incapacidad crónica, con la cabeza gacha y esperando, de la nada, quizás un milagro.  Sin ambición por el juego y el resultado. Satisfechos con el punto. Como si fuera gran cosa. Arratonados, enconchados en 40 metros. Y de ñapa, Rivas, ese sombrío jugador con nombre de pomada, que poco o tal vez nada aportó en un año, se hizo expulsar. Su último partido de rojo y nadie, nadie, ni siquiera la negra de los jugos, lo extrañará.

Con un hombre menos y la actitud inicial… Sobra contar lo que pasó después.

Pasamos 97 minutos esperando algo que jamás llegó. Fueron 97 minutos cruzando los dedos para que ellos fallaran y los nuestros no erraran al rechazar. Hora y media de mi triste vida viendo a Bejarano evocar una y otra vez al famoso, y casi extinto, arquero “caza mariposas”. 97 minutos soportando el trote desesperante de Bernal y lamentando en silencio por todo lo que se hizo mal este año que lentamente se apaga.

Nosotros los hinchas, el pueblo que neciamente sigue a este equipo demacrado, tuvimos que esperar y soportar por 97 minutos un lánguido espectáculo. Tuvimos que aguantarnos la desgracia efímera de ver a nuestros jugadores, quienes defienden ese escudo bello y esa camiseta hermosa, otrora grande; correr por la pelota como perritos falderos tras un pedazo de goma. Nos tuvimos que tragar 97 minutos sin siquiera esbozar tímidamente en la garganta un grito de gol.  Debimos esperar 97 minutos para poder ver al menos, un miserable e inofensivo remate al arco rival. ¡Qué tristeza, América! Viera Atajó, el partido terminó y un silencioso putazo acompañó el final de un juego triste, pálido y sin sentido, que corrobora con honores una década de horror: ¡SOMOS UN DESASTRE!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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