LA IMAGEN

#EscritoConElAlma

Junior 0 – AMÉRICA 1

Cierro los ojos para sentir pasar por mi mente, como brisa fresca, las imágenes de la tarde primaveral de hoy. Veo entonces un equipo ensimismado. Un equipo corto y timorato. Una propuesta demasiada goda que al finalizar 45 minutos y con una expulsión a cuestas, llevó el resultado a tierra firme. Pero, como suele pasar, faltó ese pequeño detalle de ir al frente y quizás pretender ganar.  La imagen de un punto en esa temperatura y tras aquella eventualidad parecía ser la adecuada.

Luego, un par de imágenes satisfactorias recorren el orgullo. Un equipo vivaz, comprometido y fuerte. Un equipo valiente que puso en jaque a su rival.  Diez jugadores que dejaron atrás la imagen parca del primer tiempo y se entregaron a la vorágine del fútbol y los güeeeevos tomados de la mano.  Un arquero que lanzó el guante cuando el rival superó las fuerzas y una defensa que se vació por completo en cada pelota.  La tarde dibujaba otra imagen; la de una esperanza.

Sin embargo, la imagen que me somete al punto de querer describirla y compartirla hasta el cansancio es otra. Es la de un jugador forrado de talento y desparpajo dejando atrás rivales. Uno  tras otro untándoles el balón hasta dejarlos en el suelo patiabiertos. Pícaro, hermoso. La imagen que me lleva a un nivel superior de excitación, se compone de algunos trazos delicados con un pie izquierdo bendecido cuando el reloj ordenaba el final del partido. Pisano, que llegó del banco de los suplentes a asaltar su destino, pisó el balón como lo hace algún crack de cancha de micro. Como lo hacía ese joven ratica de tenis rotos cocidos con esparadrapo, que jugaba en la calle dejando atrás rivales para definir en un arco de ladrillos. La imagen que me somete a una felicidad efímera y absoluta es la de una jugada celestial que rara vez se ve, pocas veces se cuenta y tanta falta le hace al fútbol. Una jugada dedicada a la memoria de Eduardo Galeano, el mendigo del buen fútbol, que recorrió los estadios y pedía una linda jugadita, por amor a Dios. Una jugada de esas que el hincha acomoda en un rinconcito de su corazón. Una delicia absoluta.

La imagen que me llena de felicidad y ganas seguir alentando es la de un zurdazo pleno, fuerte y sin vacilaciones. Un zurdazo al centro del arco y directo al corazón de cada americano. La imagen que me abriga en esta noche fría, es la de un talentoso volante vestido con la camiseta más bella de todas y su rostro de satisfacción. La imagen que me llena de emoción es un abrazo de gol al minuto 93, una victoria sonora y una multitud excitada gritando en las entrañas del Metropolitano: ¡Gooool, hijueputa!

¡Vamos! Vamos, América de mi vida.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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