¡SEPULTADOS!

#EscritoConElAlma

Es casi inexplicable lo que sucedió.

Todo empezó con una carrera imponente y bestial de Sierra que atravesó la densidad de la noche y del rival.  De impecable blanco con la frente en alto y el balón dominado, avanzaba dejando atrás rivales que caían como conos de entrenamiento. Tocó a Rangel y picó al área a buscar posición como el delantero precoz que el entrenador ve en él. Rangel lo ignoró y en cambio de una pared lanzó un misil sublime, pegadito al césped y luego adherido a la red lateral donde estalló un grito silencioso de gol. Gol de América. ¡Vamos, carajo!

América gobernada el juego, el ritmo, los tiempos y hasta las emociones; jugaba decididamente bien. Solo le faltó marcar el segundo y ahorrarnos la desgracia y el ridículo que estaban por suceder.  El primer tiempo expiraba y tras una jugada extraña y oscura, el rival encontró el empate con dos de sus jugadores en posición de gol pisando el área chica.  Ninguno de blanco hizo sombra o estorbó.  Eso fue lo triste y doloroso del empate… Lo peor estaba por venir.

Acto seguido y tras una charla técnica estéril; contra ataque y gol. Segundo del rival.  El equipo se cayó, literal. Perdió la cabeza. Perdió el control. Perdió los estribos. Quedó sepultado en ese contragolpe.  Perdió el partido más importante de los muchos que se juegan en 90 minutos dentro de una cancha de fútbol: el sicológico. Ese gol les absorbió la confianza y hasta la dignidad. El equipo no se repuso y el entrenador tampoco ayudó. Parecían zombis, lucían resignados aún con 40 minutos por delante. Nadie gritaba, nadie puteaba. El equipo cayó en un autismo colectivo. A esta altura era increíble el destino que tomaba la noche  después de aquellos brillantes minutos; la corrida de Sierra, el despliegue de Nieva y el derechazo de Rangel… El rival le pasó por encima, lo bailó.  Cantaron el ole, tiraron caños, tacos y bebieron guaro a costas de un equipo sin reacción, sin líderes y sepultado en la cancha donde, si cierro los ojos y me concentro, aún puedo escuchar la risa socarrona de Castillo, el eco del abrazo entre Zapata y Ferreira y el brindis de Puente con Barbat.

Gol de Cano.

Gol de Cano.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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