20 PARTIDOS DESPUÉS

#EscritoConElAlma

Sería fácil decir que el equipo suplente no jugó a nada y que hubo necesidad de lidiar con varios bostezos durante el partido. Que para ser suplente hay que tener coraje y asumir ese rol con altura. Que era un trámite, un partido de esos que cuesta digerir. Que no pateamos al arco y que nada cambia si lo hubiéramos hecho. Que los jugadores poco corrieron y que nada cambia si lo hubieran hecho. Que nos marcaron un gol tan bonito como extraño que no alteraba ningún factor de la ecuación del día; todos los sentidos estaban clavados en el sorteo de tres horas más tarde.

La hinchada alentaba. Se podía escuchar su pregón.

El entrenador movió el equipo y un ligero cambio acompañó el trámite. Lo que no cambiaba era la expectativa y el morbo de ver el grupo, el calendario y la ilusión fresca de volver a jugar una final en primera. Hinestroza lo perdió. El reloj no andaba. ¿Y si nos toca el Cali, o Nacional?  A la salida de un  tiro libre, el goleador de la segunda unidad del rojo, Franco, tomó un rebote que el arquero dejó en la zona rosa y de un derechazo rasante y estimulante puso el empate. ¡Goool! Al fin el juego se acabó.  No quiero minimizar el punto ni mucho menos el esfuerzo del grupo pero, es que,  el pitazo inicial de partido trascendental de hoy, aún no se escuchaba. A esperar otra eternidad

Pasaron 20 partidos de emociones cambiantes, extrañar al diablo y aliento infinito para llegar a este instante. De un tímido optimismo a una soberbia ilusión fortalecida en los aires donde los nuestros ganaban balones, goles y los primeros puntos. De juego a veces insulso, a veces abstracto. De dame rojo un motivo para ser feliz, un aplauso prolongado y hasta algún madrazo camuflado en la alegoría de la frustración. De un sábado hermoso en el silencio sepulcral de los cañaduzales a un gol de antología y el naufragio en casa. De los chismes y habladurías a la certeza de nada. De la triste despedida de un entrenador a la bienvenida cautelosa de uno de esos que está cosido al alma escarlata. De la alegría en la bahía a la esperanza en el fango y los guantes de Cadavid. De la decepción atronadora en Medellín a los goles de Riascos y Aristeguieta el jueves en la noche. Pasaron 20 partidos y un torbellino de ilusiones para, con la mochila llena de esperanza… Un aire de tranquilidad invadió el recinto: Salió la balota “B”, vamos al cuadrangular “A”. Allá nos espera Millonarios, la deuda pendiente, Pinto y su arquero. Se suma Pasto y la plaza donde poca historia hemos escrito y una promesa sin cumplir en las Lajas. Cierra Unión sin la loca y el morrito; Gasparoni, Vilarete o la puya Zuleta… Me vuelvo loco. ¡Vamos, América! ¡Vamos, América! … 20 partidos después sigo con la misma ilusión que desperté el domingo 27 de enero cuando todo esto comenzó, que es la misma ilusión que me acompaña día a día desde que tengo uso de razón. ¡Vamos, América! ¡Vamos, carajo!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMUDEZ — @MBER226

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