TODO ERA OSCURIDAD

Junior 1 – AMÉRICA 1

#EscritoConElAlma

TODO ERA OSCURIDAD

Cuando Segovia levantó la cabeza, trotó con el balón, se detuvo y alzó de nuevo la cabeza; una gran decepción recorría el torrente sanguíneo de las emociones maltratadas en 45 minutos mal vividos, mal queridos y desperdiciados por el equipo. Junior había marcado un golazo y su goleador perdido dos increíbles que ni el poco célebre Martín García habría fallado. Segovia avanzó un par de pasos adicionales y con cierta calidad repentina pero no ajena, lanzó un pase suave con la fuerza suficiente y exactitud terapéutica para gestar una alegría que hasta ese momento parecía remota.

Cuando el joven Barreiro abrió el catálogo de recursos y se agachó levemente para recibir el balón y prolongar la jugada con un toque precioso de torso, los pensamientos fatalistas fraguados durante un primer tiempo abominable habían rendido cuentas y cargado un tufo de resignación. Con ese toque maravillo e inolvidable, el joven Barreiro habilitó a Vergara que corría feliz por la izquierda, por su casa, por la zona del campo donde es amo del destino. Cuando Vergara recibió el balón, el pobre de Piedrahita que no deja de tener pesadillas con él desde la noche del siete de diciembre rogaba para que el balón no fuera a la red. Mientras el entrenador del Rojo contraía todos sus músculos para que el hombre que lo mantiene con vida en su cargo no fallara. Vergara, hermoso, no iba a fallar.

Cuando Vergara recibió, aceleró, metió lomo y ganó la posición; todo era oscuridad, todo estaba confuso y América de Cali era un caos total en la cancha. Miró fijo a los ojos de Viera que esmeraba un buen achique, inclinó levemente su cuerpo y con un toque gourmet cruzó el balón a la red y sacó al Rojo del marasmo que lo sometía. ¡Golazo! Es maravilloso. Es un jugador brillante. En los pies de ese hombre hasta una tempestad se convierte en una suave brisa melodiosa y placentera. ¡Golazo! Baile, Duván. Baile.

Cuando el balón tocó la red y el abrazo retumbó, la noche oscura hasta entonces tomó un aroma primordial. Ese momento fue el inicio de un resultado que el equipo construyó a partir del gol de Vergara y el abrazo que le siguió. De ahí en adelante y hasta el minuto 94 cuando Vergara por poco repite la dosis, América de Cali fue serio y dejó en el recuerdo inmediato la imagen de un equipo que puede llegar a ser. Cuando Vergara caminaba con el cariño y los aplausos de millones de hinchas colgados sobre su espalda como un paravalanchas, el entrenador sonreía porque entiende que el fútbol no es un concurso de simpatía sino de resultados y mientras tenga a Duván en la cancha para que lo saque de la oscuridad y conecte al equipo a través de una genialidad suya, los resultados seguirán germinando. ¡Vamos, América!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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