¡QUÉ GRAN NOCHE!

#EscritoConElAlma

Ni la lluvia, el escepticismo, la iluminación precaria y nostálgica del Pascual, el ingenuo error de Pérez a los 30 segundos o unos muy buenos minutos del rival; evitarían esas líneas preciosas que el destino escribió para la última noche de enero de 2019.

América de Cali impulsado por su propia convicción y el empuje de su gente, tardó en encontrar la ruta trazada.  Metiendo, yendo hasta el final en cada pelota con determinación particular flanqueaba a su rival.  Cabrera cobró corto y de primera un tiro libre en la esquina de sur con oriental donde yacen tantos buenos recuerdos. Flórez, también de primera lo alargó hasta la zona caliente. Allí, en medio de varios rivales, Aristeguieta, el que muchas veces los erra bajo el arco, se revolvía en busca de un centímetro libre para saltar y vencerlos en el aire. ¡Qué gol! Qué premio para un jugador sanguíneo, un luchador de vocación. El rojo ganaba, la tribuna explotó y el fútbol sonreía de nuevo. El grito de gol que seguía flotando en la tribuna con una acústica propia y casi divina, se encendió de nuevo cuando Guevara, pletórico de oficio, robó un balón en mitad de cancha y lanzó hacia el frente un pique furtivo hasta el límite del área donde, estirando su pie izquierdo, punteó el balón para que Cabrera entregara la encomienda al goleador de la noche y corriera a esperarlo allá en esa esquina memoriosa, para celebrar un gran gol, la victoria y una gran noche.

Solo hubo un equipo sobre la verde alfombrilla del Pascual. Una borrasca carmesí le pasó por encima al Tolima. Cada pase era una azada para esa victoria anhelada que vinimos a buscar. Metieron, jugaron y combinaron fútbol y güeeeevos como rara vez ocurre. Qué felicidad. Qué alegría. El rojo sentenciaba la noche con un cabezazo de Sierra que sepultó la esperanza de Gamero y sembró en miles de corazones la semilla de ese fruto que solo se recoge en el último partido del calendario. ¡Gol! Bendito gol volante desconocido. ¡Golazo!

Para qué me voy a amargar este néctar exquisito escribiendo que el segundo tiempo pudo manejarse mejor y que tal vez esto o lo otro. Para qué si el segundo tiempo sobró y solo sirvió para que Bejarano respondiera a las recientes erupciones de hostilidad con cuatro buenas atajadas y para recordarle a quienes rigen los destinos de esta institución que el diablo no se toca, se respeta. El partido terminó y la tribuna estalló en vítores, aplausos, abrazos y una sonrisa infinita que solo se puede explicar recordando 98 minutos de la última noche de enero en el barrio San Fernando… ¡Qué gran noche!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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