NADA PARA AGREGAR

Gremio 1 – AMÉRICA 1

#EscritoConElAlma

NADA PARA AGREGAR

El primer tiempo sirvió, entre otras cosas, para lamentar a perpetuidad el primer cagazo en Portoalegre, el abominable partido con Católica en Cali y la murga de once contra diez de Inter en otra noche revuelta entre cosas a olvidar. Un primer tiempo brillante que el equipo parecía estar jugando con una camiseta noventera y con la determinación que la Copa Libertadores demanda. Sin embargo, los yerros y la abominación de los partidos anteriores pesaban tanto como esa pelota del último minuto…

Graterol se tumbó sobre el balón deteniendo su segundo penal con el Rojo. Brillante. Velasco corrió ante la orden de Vergara y por derecha el joven Santiago Moreno iniciaba su acceso silencioso. Graterol, iluminado, lanzó el balón a Velasco y levantó sus brazos al cielo. Velasco avanzó un par de metros con soledad pasmosa mientras Vergara se acomodaba en su oficina y el fútbol dejaba ver al fin una sonrisa para América de Cali. Vergara que hoy jugó en modo siete de diciembre, como queriéndose meter en el tuétano del recuerdo de la hinchada, lanzó un centro al área a la cabeza imaginaria de Rangel y un defensor lo desvió a la red. Baile, Duván. Baile. Golazo de Joel Graterol, el primer portero venezolano en marcar con el Rojo. América jugaba bien…

No sé como seguir este texto. Es inexplicable y un sinsentido total.

Pasó al décimo minuto de adición, pero bien podría haber sido al minuto 119 o hasta que el miserable árbitro lo determinara. Penal, gol y una eliminación inverosímil y amarga y puta y desagradable y frustrante y tan dolorosa como el mismo dolor de aquella noche noventera. El equipo hizo lo suyo, pero el árbitro y la desgracia misma que persigue a esta camiseta en Copa Libertadores llevaron la noche al gran desconsuelo que ahora nos embargara… Acá terminamos rumiando el fracaso, uno más, los pobres miserables cuyo estado de ánimo muchas veces lo determina su equipo de fútbol. Acá estoy sentando, puteando en silencio en la intimidad de mi desgracia efímera, tomando la cabeza a dos manos mientras observo las quemaditas de cigarro que asoman por mi camisa Keuka del 2001 que tiene a cuestas tantos fracasos como yo.  Será otro año, ojalá el próximo, cuando América de Cali vuelva por las canchas de Surámerica a recoger los pasos que alguna vez sembró.

Y cuando la tristeza y decepción, aún sin lágrimas, apenas se acomodaban en el lecho moribundo de la ilusión, una imagen desgarradora se asoma como el epílogo triste de la historia fantástica que al final se quedó en un cuento barato; la frustración de Duván Vergara brotando de sus ojos en llamas como un manantial de desilusión. Él lo merecía. Cuánta tristeza junta. Cómo pesan las malas decisiones cuando todo está consumado y no hay absolutamente nada por hacer más que llorar. ¡Vamos, América!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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