FUI FELIZ. ¡MUY FELIZ!

FUI FELIZ, ¡MUY FELIZ!

Fui feliz.

En una rápida sucesión de imágenes veo los momentos de un tiempo brillante que hoy llega a su fin: un gol de Rangel y uno de Yesus en Ibagué. Una pintura de Matías Pisano en el Metropolitano y la sonrisa del maestro Guimarães. Pisano y Yesus en el kart de Mario en una esquina del Campín y un doblete de Rangel al Cali cuando el Pascual hervía como antaño. Un remate de Velasco en Montería y un obús de Carrascal al ángulo la noche en que este sueño estuvo a punto de abortar. Un asalto a la capital y una chilena de Rangel a Nacional. Un triplete de Vergara y Rangel celebrando un gol frente al banco del Cali. Un equipo que batió sus pliegues de campeón en Barrancabermeja y un gol de Pisano y la voz perenne de Volpi diciendo – Vamos a salir campeón – Y un partido brillante en Barranquilla y la sonrisa del maestro Guimarães. Y el siete de diciembre y el rostro de la gente y el guaro y los abrazos y un gol de Rangel y una atajada de Volpi y un  gol de Sierra y los güeeevos de Paz y otra atajada de Volpi y el cielo brillante y la pólvora y la emoción y el abrazo y el cielo estrellado y la popular cantando y un estruendo y Segovia levantando la copa y una lágrima y otra lágrima y un abrazo y otro abrazo y la vuelta olímpica y los trapos en la cancha y un ron y una canción del Rojo y otra lágrima y una abrazo más y el siete de diciembre en todo su esplendor.

Fui feliz.

Mi voz durante este tiempo solo fue de aliento espirado y aunque hubo momentos duros y tristezas sometidas, siempre estuvimos ahí, como corresponde. Y vino otro gol de Rangel y un penal en Armenia y otro en Montería. El primer gol de Segovia y un bosquejo de ilusión de Bogotá. Vino Gremio y la gran alegría de volver, un gol de Franco en Manizales y un gol de Pisano en San Carlos de Apoquindo. Y vino el puto virus y la incertidumbre y las muertes y el deseo de volver y las tribunas vacías y la frustración, la incertidumbre y la hipocresía. Un gol de Adriancho y un par de noches amargas en Porto Alegre. Y la búsqueda del profesor Juan Cruz que terminó la noche del asalto al bus del Rojo. Vino la noche del gol de Vergara y el doblete de Adriancho a la sombra del llanto de las montañas de Antioquia. Los mejores 45 minutos de la historia reciente del fútbol colombiano en Barranquilla y los güeeeevos para aguantar. La noche del 20 de diciembre, un zurdazo de Yesus, la pirotecnia infinita en el cielo y el momento de felicidad en el año de la pandemia del siglo XXI, cuando Santiago Moreno controló el balón y marcó el tercero. Fui feliz. Muy feliz. Y vino la calle 26 y la calle esperanza y el banderazo y el amanecer del domingo y un equipo serio y la hora boba y el carácter del equipo y los güeeevos de Paz y la cabeza de Andrade y la cabeza de Torres y los güeeevos de Ureña y la cara de Adriancho cuando su remate fue al palo y diez mil rechazos y el sprint de Vergara detrás de Arboleda y Jaramillo cubriendo el balón y el profesor Juan Cruz abrazando al milagroso de Buga y Graterol entregando el balón a Roldan y Adriancho con la copa y Adriancho sonriendo y Adriancho en el techo del arco norte y Adriancho levantando la copa sobre un cielo bogotano extremadamente feliz y un guaro y una pola y un ron y un abrazo y una lágrima y un grito de bicampeón.

Fui feliz.

Y terminó. Hoy termina y aunque hay espacio para los reproches y señalamientos, en mi rostro siempre hubo algo parecido a una sonrisa. La cercanía de la felicidad… Gracias muchachos, gracias, América por sacar del sótano de mis recuerdos ese voracidad de alegría que un bicampeonato le mete a un alma vagabunga. Gracias por los días buenos y sobre todo por los malos porque allí es donde se forja un hincha. Gracias por el siete de diciembre y por ese aroma a redención que salía de la cancha del Pascual y se impregnaba en el cuero herido y arrancaba lágrimas que aún puedo sentir sin necesidad de un gran esfuerzo. Gracias por la gran alegría del 27 y el cielo salpicado de felicidad de mi querida Bogotá. Gracias por estos quinientos y pico de días felicidad pura e inmarcesible. La historia les dará su lugar, muchachos.  Gracias, América. Gracias, campeón. Gracias bicampeón.

Fui feliz escribiendo los libros SIETE DE DICIEMBRE Y ‘B’ DE BICAMPÉON y más de 1500 personas han sido felices leyéndolos. Ojalá los puedan comprar. Vía WA http://wa.link/u0uy6g

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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