ANSIEDAD

#EscritoConElAlma

AMÉRICA 0 – Huila 0

ANSIEDAD

 

La ansiedad era evidente. El rojo salió en busca del tercero sin haber gestionado el primero.  Y eso le costó (Lejos estábamos de saber cuan costoso sería en realidad). La ansiedad predominada y quedó en evidencia tras un penal tímido, poco ambicioso y hasta desolador que cobró Aristeguieta y que, quizás, en su mundo paralelo, pretendía poner en la red. Lo atajó el arquero y en el alma, cubierta de reproches, la sensación que sufriremos como perros para ganar este partido.

La voz destemplada pero celestial de la tribuna empujaba al equipo hacia adelante. Sin embargo, poco cambió. Los nuestros no cumplieron la premisa básica de entregar el balón a un compañero.  El equipo se acercaba por peso propio, las opciones llegaron en un sube y baja de claridad y desperdicio, el tiempo implacable seguía su marcha, el balón iba de un rojo a otro rojo y luego a uno de amarillo. La ansiedad crecía. Nunca paró de crecer. La hinchada alentaba; nunca paró.

Bejarano mantuvo el cero mientras Mosquera firmaba una nueva expulsión. La hinchada alentaba, el Pecoso sufría. El equipo, envuelto en una ansiedad crónica, caminaba a tientas sobre la cornisa de una derrota dolorosa. – Minuto 83 –, señaló el implacable reloj. Vásquez, en medio de su desespero, sacó un remate.  El arquero atajó, pero, dejó un rebote hermoso; la noche parecía sonreír.  El momento de la tarde al fin aparecía en escena. El instante para volver a festejar en casa y abrazar de nuevo a alguien vestido de rojo. Aristeguieta llegó frente al balón para sellar a través de su gol una victoria merecida y necesaria. Por desgracia, ese instante ansiado, ese momento que debía quedar grabado con una sonrisa monumental, pasó a ser un chaparrón nauseabundo, un segundo maldito y precario; cuando el delantero golpeó el balón con su pie izquierdo y sepultó en los aires de San Fernando el deseo profundo de gol y de triunfo: ¡SE LO COMIÓ!

El tiempo, como un plazo por cumplir, terminó, y el empate, ¡Maldita sea! El empate, fue el resultado. Un punto para un equipo ansioso y precoz que durante 96 minutos no encontró la forma de despejar esa ecuación trágica que a veces el fútbol suele plantear a los equipos que aspiran levantar una copa: “Se cerró el arco”.   Entre rabia, piedra y decepción, escribo resignado las últimas líneas de un texto que anhelaba escribir contándole a usted, que no falla leyéndolo, goles, gambetas mágicas y toques resplandecientes de nuestro equipo, pero que al final quedó reducido a un texto lánguido que habla de un equipo afanoso, que hizo casi todo para ganar, pero que la ansiedad y el marco se lo consumieron por completo hasta dejarlo sin aliento, sin puntos y sin sonrisa(Payday Now).

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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