VOLVER A SOÑAR

#EscritoConElAlma

Ya era justo. Pasaron muchos días sin sentir ese aleteo febril en el alma cuando juega el rojo. Pasaron muchas noches desde aquella en el Campín cuando el equipo perdió el cupo a la final dejando el pellejo en el césped. (Me pongo de pie a aplaudir) Ya era  justo. Y por eso hoy, con los rostros embadurnados de emoción, ansiosos de encontrar la noche, volvimos al sitio que la vida nos dio para alentar este sentimiento inexplicable llamado América de Cali.

La borrasca fue inevitable. Los rojos liderados por Yamilson, Borja, Kevin y Carmelo arrasaron a su rival.  Fueron 15 minutos frenéticos que invitaban a soñar incluso al más escéptico de los pesimistas. Poco tardó la fuerza y vigor de los rojos en derrumbar el frágil tabique de una defensa asfixiada. En el área, ayudado de sus nalgas, lomo, paleta y brazos, Martínez Borja desplazó su marca y sacó un derechazo que no podía terminar en un grito diferente. ¡Gol! un gol para abrazar, aunque sea prematuro, esa idea necia de volver a ser campeón. Salud por la goleada que se viene. Sin embargo, el rojo dejó de jugar bien, tal vez por la impotencia de fallar tantas ocasiones de gol. El rival perdió el miedo a la camiseta que enfrentaba y Bejarano sembró aquella duda mortífera. Leones empató y el rojo lo sintió.  

La luz despareció y aún con la convicción de la victoria, había cierto temorcillo…  La inminente goleada pasó de ser un cuento fantástico a una página siniestra de alguna novela negra.

El equipo, a pesar del paso de los minutos y la falta de presencia ofensiva, nunca perdió el rumbo  ni se desesperó. Como sabiendo que el gol llegaría y no era necesario forzar los argumentos. ¡Ufff! No obstante el tiempo avanzaba y aquella certeza no se materializaba. El reloj mordía el minuto 70. La tribuna alentaba. Había cansancio.  Botinelli recibió falta… Angulo frente al balón dirigía una señal a sus compañeros aglomerados en el punto penal y luego lanzó el centro. El balón salió disparado hacia el área. Hérner, como alejándose en silencio del calor de la jugada se apartó del lote y con mucho tesón recibió el balón sobre su bendita cabeza y finamente desvió su recorrido. Arboleda, espectral, en la misma cara del arquero desvió el recorrido de la pelota, que ahora se veía tan pequeña como una canica, y marcó el segundo, definitivo y suficiente. ¡Gol, carajo! Vamos rojo, vamos. El partido termino sin mucho más para contar en la cancha salvo esa hermosa sensación de volver a soñar.

Entre abrazos, esperanza y felicidad, anheló volver a ser campeón. Sueño con un Pascual repleto, el cielo pintado de rojo, lágrimas de felicidad. Sueño saltar a la cancha y cargar al profesor Da Silva, guardar un pedazo de césped en mi bolsillo, abrazar a Hérner antes que levante la copa y colarme en la vuelta olímpica.   Es prematuro, falta mucho, lo sé. Pero nadie me quita esta necesidad de volver a soñar. Por lo pronto Tolima.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ – @MBER226

2149Shares