¡VÁYANSE TODOS!

#EscritoConElAlma

AMÉRICA 1 – Medellín 2

¡VÁYANSE TODOS!

La suerte, distante por tantos años, sonrió levemente cuando Cano perdió un penal que hubiera simplificado, en la víspera, la agonía venidera. El rojo fue un equipo ramplón. Así de sencillo. Los jugadores que vestían de rojo, fueron simples sombras diluidas en la opacidad creciente de San Fernando. Escalofriante primer tiempo. Tétrico espectáculo.

América, otrora grande, invirtió en el oficio de jugar fútbol, la módica suma de 13 minutos con algunos segundos. Mosquera, se quitó de encima un balón que fue a parar en el buche del siempre inútil Dájome. Antes de cometer la barbaridad de patear al arco, enganchó y observó la sombra de Aristeguieta que se estrelló con el balón, y decoró con un sonoro gol la fragilidad de la noche.  Fueron minutos ilusorios, esperanzadores… Pero, como suele pasar con esta gente que viste de rojo, todo se vino al suelo.

El rojo tuvo cómo liquidar, pero la incapacidad fue abrumadora. Fallaron varias veces mientras el moribundo DIM sacudía el costal de lo inesperado. Bejarano, a quien el crédito se le agotó hace rato, quedó retratado en la debacle posterior. Arboleda, que nunca debió venir, quedó sembrado haciendo alusión a las cinco letras iniciales de su nombre.  Dájome y Cuero son un par de caramelos repetidos, de esos que nadie quiere y nadie recibe. Y así podría seguir con cada uno hasta llegar al palco. Somos una absoluta vergüenza. Somos un chiste mal contado. Somos una murga, un bazar de escuela, una emulsión pestilente.  Somos tan diminutos que este minúsculo rival volteó el marcador.

Este final se repite. No nos llamemos a engaños. ¡Estamos eliminados! Ganaremos un par de puntos de aquí al final y habrá una miga de ilusión perra. Pero, no hay cómo hacer respetar la historia. No hay quien emule las noches fantásticas. No hay quien tire una gambeta que haga afición, que invite a soñar… Aquí seguimos porque somos fieles. Porque somos devotos. Porque América está por encima de todos. No porque queramos ver esas sombras vestidas de rojo, ni porque ver a Dájome, Rivas y Arboleda sea un manjar. Seguimos porque la vida y el corazón señalaron el camino, y aunque tortuoso, es el que debemos andar. Pero nunca alcahuetas.  Miserables: ¡Váyanse todos!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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