UN GOL DE AMÉRICA

#EscritoConElAlma

 

No sé cuánto tiempo alcanzó a pasar desde el  último gol de América hasta la tarde de hoy. Semanas enteras tratando de digerir el presente y renegando por las decisiones y el rumbo incierto de la institución, mientras el corazón latía en silencio, desconsolado, esperando algún día volver a sentir la descarga que solo produce de un gol de América.

En el banco un cuerpo técnico ignoto, en la cancha el desfile impune de los protagonistas de la crisis y en la tribuna la obstinación de algunos que resume la terquedad de todos.  – Hoy hay que ganar – Canturreaba la tribuna. Nos toca creer, no tenemos alternativa.

El balón se movió y al mismo tiempo lo hizo una ligera zozobra. Algunos toques laterales, un par de gambetas desaliñadas y ocho minutos con algunos segundos, fueron el preludio de lo anhelado. Un gol de América no solo es un estruendo del corazón y un abrazo sincero con alguien, un desconocido, que vista de rojo. Un gol de América no solo es una explosión del alma y una sonrisa radiante. Un gol de América es la plenitud de un instante efímero, es paz, tranquilidad, felicidad y desenfreno. Un gol de América es el premio por el aliento, la constancia y la fidelidad. Un gol de América, a veces, es casi todo… Botinelli, con el minuto nueve a cuestas y sin uno de rojo cerca para tocar, levantó la frente, y detrás de unos mansos rivales, encontró con la mirada la salvaje y aterradora soledad de la tribuna norte… Una tribuna sin hinchas es un sacrilegio. No hay nada más triste en el fútbol que una tribuna vacía. Entonces, de la nada, sacó un remate que en diez meses nunca conectó. El balón salió disparado dispuesto a sellar eso que vinimos a buscar con paciencia bíblica. Tocó el palo, luego la red y de refilón el corazón del hincha que no pudo contener ese deseo vagabundo de gritar: ¡Goooool de América!… Lo que vino después, incluidos dos goles, no importó. La tarde y el partido terminaron.

Ganamos. Qué extraño y satisfactorio es una victoria de América. Por unos días las turbias aguas serán mansas. Mientras cuento las horas para el clásico (respiro profundo, y le digo al insensato de rojo que escribe envuelto en un miedo terrible: – lo tenemos que ganar, cueste lo que cueste –) trato de descansar revolcando pensamientos en busca de un gol de América que me haga sonreír, y me saque por un instante de este presente lóbrego que vivimos.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

0Shares