SON COSAS DEL CORAZÓN

#EscritoConElAlma

Cuando los zurdos funcionan todo es más fácil. Permítame un instante se lo explico mejor… Aun con la amargura a cuestas y el tufo asqueroso de la derrota del domingo, el equipo saltó a la cancha quizás con la misión de borrar, en serio, el partido anterior. Quiso ser intenso pero no alcanzó el empuje. Procuró arrasar al rival pero le faltó juego y carriles. Hasta que llegó Sierra, uno de los zurdos. Recuperó un balón con precisión de cirujano y fuerza de búfalo… Uff, un balón delicioso que Álvarez puso en la red tras un derechazo imponente y preciso. El gol sacudió la noche frente la mirada atenta del trapo con una frase repleta de sentido para los americanos: Son cosas del corazón. ¡Gol!

Fiesta y carnaval. Había que saltar. La orquesta volvía a sonar.

Después de varios minutos de emociones irrelevantes y un lapsus futbolístico, el rojo se volcó, esta vez en serio, sobre su rival. Sierra, robó otro balón trascendental para el juego, que quedó botando  en un acto de fina coquetería para el goleador. Aristeguieta, bendito venezolano, sacó un remate, que un par de horas después cuando escribo este texto, me vuelve a tocar el corazón. Un zapatazo infernal que atravesó la noche y se colgó del ángulo. ¡Gol, golazo!  Un gol aterrador, enfermizo, desquiciado, sacado del mundo de Kakfa y aterrizado en el infierno, literal, que hoy fue el Pascual. ¡Golazo!

El gol retumbaba ante el frenesí homérico en la cancha y la tribuna. El rojo era muy superior y el aliento de la tribuna manaba con tal vigor como si de ello dependiera su vida misma. El trapo, la frase aquella bendita para quienes llevamos tiempo alentando al rojo, seguía jugando con la brisa. Son cosas del corazón, qué bella frase.  Quiñonez, abandonó su carril hacia el centro en diagonal. Tiró un caño principesco, respiró. Tiró otro caño, esta vez tan necesario como hermoso y respiró. Ya iba desnudo camino al arco. Avanzó. Cambió de pierna con la mirada perdida dejando servido el honor a Riascos, que quemó el césped con un remate rasante a la red lateral del arco norte. Tal vez muchos quisieron bajar a abrazar a Riascos y besar el guayo izquierdo de Quiñonez, pero se conformaron con abrazar a otro americano enfermo por este color y gritar desde los entresijos del alma; gooooool, hijueputa. ¡Golazo! El equipo nos dio la alegría que pedimos durante el día… Cabrera pateó al arco, el defensa la sacó de la raya y el juez terminó el partido. ¡Ganamos!

Sentir esta alegría, mundana para muchos pero vital para nosotros, y caminar a casa con esta sonrisa apasionada en el rostro, no es un acto trivial sino cosas del corazón que muy pocos entenderán. Porque los amores, los puros, verdaderos y que duran toda la vida, no se eligen.  Ellos, a fuerza de impactos en el alma, terminan imponiéndose… América, son cosas del corazón. Qué gran noche para recordar esta frase y escribirla una vez más mientras sonreímos de nuevo, como cualquier enamorado, con las tres caricias de esta noche. Son cosas de corazón.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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