SENSACIONES

#EscritoConElAlma

AMÉRICA 0 – Santafe 0

SENSACIONES

El zumbido de la tarde añeja, el ruido inerte de la protesta, el silencio que expedía las tribunas envueltas en una atmósfera lúgubre de abandono; los lamentos y la esperanza en una pulseada atroz… Todo eso se iba diluyendo ante una sensación suave y seductora que acariciaba el corazón: América, a pesar de sus pronunciadas limitaciones, jugaba bien.

¡Uf! Ya se fueron casi 60 minutos y el marcador no reflejaba aquella ligera superioridad.  Aristeguieta seguía combatiendo, dejando en el césped la sensación que con un gol izaríamos la victoria. Sin embargo, la impotencia y la realidad llevaron al equipo a desvanecer el empeño. Lentamente la fuerza se agotaba, el pase no rendía y el empate comenzaba a tejer su red. Entonces, llegó el momento del entrenador, ese instante de lucidez que puede cambiar el rumbo de una tarde, de un titular de prensa y la paz de miles de hinchas… Era el turno del entrenador.

Felicio, agobiado por el ritmo del juego, realizó un par de cambios que poco aportaron, pues el equipo no sintió el vigor. Faltó ambición y decisión desde el banco.  Además un codazo alevoso le dio otra señal; el rival perdía un jugador con dos siglos de partido por delante. ¡Vamos que lo ganamos! De nuevo la sensación de una victoria rondaba la soledad de San Fernando.  Por desgracia, el rival controló la ingenuidad de nuestro entrenador, la definición no funcionó y el reloj señalaba implacable el final de la odisea. No hubo gol, no hubo alegría y entre rezongos, la sensación majadera que podíamos haberlo ganado. Faltó ese tris de talento que infortunadamente, es nuestra mayor carencia.

Es improbable, atrevido y sensacionalista, quizás. Pero, estos partidos son los que gana una tribuna enardecida. Una hinchada exudando aliento, asfixiando al rival, empujando al equipo… Llevamos años jactándonos de ser la pasión del pueblo, cantando que la hinchada que tiene este equipo no la tiene ninguno otro; pero hoy cuando la garganta debió romperse en aliento, se quebró apenas para reprochar un empate que solo por poco, pudo ser algo más. En fin, estas letras necias no cambiarán nada.

Termina un capítulo más de esta novela negra con la habitual sensación coprológica en la boca. También con la sensación de estar lejos del anhelo; de resignar en un punto la alegría de una victoria, pero con la sensación y el deseo intacto de ver y alentar al rojo, a pesar de todo y de todos, siempre. Siempre.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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