¡RESPETEN, HARAGANES!

#EscritoConElAlma

La ilusión, vaya palabra prostituida por estos días en América, empezó a desmoronarse cuando el equipo simplemente pisó el césped y desbordó su displicencia aterradora. No hay derecho. Hay que ser muy infame y haragán para salir a jugar así en casa, acompañado de su gente que deja de comer o sacrificaría un riñón por ir a la cancha, y además ganando la serie. Diez minutos que presagiaban una mala noche. De esas amargas que nos han tocado.

Gol del visitante. El equipo del que soy hincha no reaccionó y siguió sumido en una tibieza angustiante. El rival tan cómodo como en su casa donde también debieron golearnos, miraba extrañado, cómo sometía al dizque grande de Colombia. ¡Güeeeeevos! ¡Güeeeeevos! ¡Güeeeeevos!. La noche que inicio con una sonrisa locuaz y llena de expectativas, cambiaba su matiz a una aterradora y fúnebre.

Gol del visitante. ¡Acábalo juez! Nosotros, el pueblo, no merecemos esto. No corren, no juegan. No dan un pase bueno. No patean al arco. Es que ni siquiera se les ve voluntad o rebeldía. Hay jugadores que francamente no tienen sangre, se cortan un dedo y les sale kumis.  Fueron un grupo de once personas de sexo masculino, sin honor, vagas, envueltas en una tela roja, raída y reducida a harapos; reclutados por una desidia provocadora, los que se presentaron esta noche en San Fernando.

El tercer gol del visitante, que por cierto fue un mensaje cifrado para alguien en el palco, cayó cuando creíamos que la noche no podía ser peor.  Somos chicos. Este equipo, embadurnado hasta el cogote de indolencia está para jugar los domingos a las 10:30 en Popayán o tal vez en una cancha de béisbol en Valledupar. Dejémonos de joder con el cuento de la jerarquía. ¡NO TENEMOS JERARQUÍA! No somos lo que creemos. La pesadilla de la que tanto nos costó despertar, sirvió apenas de aperitivo para enfrentar esta realidad… La noche y el deseo de seguir soñando con un imposible, quedó reducida a una ola de silbidos y un reflujo incandescente de madrazos. El aire llegaba a la cancha cargado de dolor, amargura y desilusión. La noche, simplemente terminó. Y en el corazón dolido del hincha algo simplemente dejó de latir, se heló.

Yo no les pido otro pentacampeonato. Solo les pido un poquito de dignidad. Que respeten y no se caguen en la gente.  Que respeten la camiseta, el escudo, la institución y sobre todo, la gente. A la gente, maldita sea. Que nos respeten o se vayan para la mismísima mierda, haraganes.

Saludos y gracias por leer estas desdichadas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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