RÉQUIEM POR EL ROJO

#EscritoConElAlma

Recuerdo al inicio de este campeonato, no hace mucho, el ánimo del hincha era un remolino de sueños e ilusión.  Sin el piano del descenso a cuestas y una comunión absoluta, el resultado debía ser ese que hoy el corazón envuelto en mentiras y dolor lamenta a rabiar… El equipo y los objetivos estaban por encima de egos y banalidades. Los goles retumbaban en el alma y aquel viejo anhelo de ser campeón, inevitablemente revivió.

Gol de Equidad. El silencio, atronador hasta entonces, se tornó sepulcral

El orgullo y la vanidad, vicios malditos del ser humano de pantaloneta, linimento y canillera, y los intereses personales cada vez más marcados, empezaron a calar hondo en el papel, los pasillos, los micrófonos, la camiseta, el camerino y finalmente saltó en forma de explosión a la cancha. ¿Se pararon? Solo ellos, en la intimidad lo sabrán. No entregaban un balón al de rojo, el cambio de frente siempre fue corto, el delantero no la metía, el arquero no paraba una y así sucesivamente hasta colmar la paciencia del más paciente… Sin embargo, la foto para las redes sociales e hinchas desprevenidos era digna de un álbum familiar. ¡Qué lindos! SÁTRAPAS.

Disculpe por favor.  América seguía perdiendo (Hoy frente a Equidad) mientras Harold Lozano se encargaba, como un emisario siniestro, de clamar por cuanto medio encontró que “El profesor Felicio tendrá continuidad” Eh. Todos sabemos cómo terminará esta murga. En la cancha, me cuenta un peregrino que alentó y putió desde la tribuna, no hubo nada que resaltar. Que, dice él – fue la misma mierda del todo el semestre – Y le creo.

Se cagaron en lo más puro que tiene el fútbol; la ilusión del hincha. Hicieron de un manojo de esperanza, una colcha de indolencia y un manto de vergüenza. Le dijeron al que muchas veces deja de comer para ir a la cancha, y que vendería sus vísceras para alentar: “Nos vale musgo de caño sus sentimientos” “Andate, cogé oficio” Tiraron a la basura los buenos recuerdos, los aplausos bajo la lluvia capitalina y todo el aguante y fidelidad que una hinchada puede entregar…  Allí, en el cementerio de recuerdos del alma, yace en silencio un campeonato que terminó, y en lugar de huellas o alegrías, solo dejó profundas heridas y una grandísima decepción.

Al final Arboleda marcó el gol del empate y el partido terminó.

¡Sátrapas!

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ – @MBER226
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