RAZONES Y EMOCIONES

AMÉRICA 0 – Junior 2

RAZONES Y EMOCIONES

La pólvora golpeaba el cielo y en la memoria empezaron a suceder imágenes del siete de diciembre y de un nuevo trofeo que estaba en casa y debía permanecer allí.  El Rojo debía usar su traje de campeón, de grande, de fiera lidiada en plazas agrestes y llevar 97 minutos con oficio para salir campeón… Cinco jugadores de rojo levantando la mano con la vista fija en el juez de línea… Las finales son un compendio de detalles donde se mete la pierna y las vísceras y no se espera que un juez de línea con un pedazo de trapo solucione algún desgreño defensivo. Gol de Junior.

El equipo, ensimismado, atrofiado, en posición de gallito fino con algodón en las espuelas perdió el rumbo que algunos creyeron haber encontrado el martes. Las emociones alegaban que íbamos por el partido, que facilito dábamos la vuelta y la cruel razón mostraba a un equipo envuelto en un fútbol lleno de peros y vacíos. Sin ideas, silente.  Las emociones cabalgando en la emotividad prometían que las cosas siempre saldrán como uno quiere y que en unos minutos el Rojo daría la vuelta al juego. La razón, fría y mordaz, señalaba que una vez más el rival muy temprano se ponía arriba en el marcador y que no sería once contra diez sino once contra once y el reloj.

Un precoz germen de impaciencia brotó cuando el juego andaba por los 60 minutos y América no había pateado al arco… Silencio. El mismo toque insulso, el mismo vacío, el rostro de impotencia y la rabia creciente. El entrenador, afortunado de tener la tribuna vacía y no sentir realmente el voltaje de dirigir este equipo a estadio lleno, metió cambios y bueno, nada cambió. Y viene Carmelo Valencia y marca un gol infame y lo celebra en la cancha donde llegaste con ventaja y sepulta la ilusión de ganar un título del que otros equipos se han aprovechado dizque para ‘ser grandes’ y queda sepultada la noche en un oscuro pozo de frustración. Gol de Junior. Ha terminado.

Las emociones tiraron el mundo al suelo cuando Ureña quedó frente al arquero y cuando Adriancho mandó el balón al ángulo seguido del guante de Viera. Hasta se atrevieron a decir que en pénales ganábamos. La razón, toda puta, es que el Rojo intentó atacar cuando la noche había caído y ese par de opciones fueron consecuencia lógica de un equipo que fue al frente cuando todo estaba perdido. Las emociones patean el serpentario de madrazos y desatan rabia y frustración mientras la razón respira profundo y reconoce que fueron superiores y que quién sabe cuándo este título vuelva a estar así de papayita.  Las emociones cantan que no importa el resultado siempre estaremos con el Rojo y esperan que, de la nada, aparezca un goleador o que Rangel vuelva y que llegue alguien de tierras lejanas para hablar el idioma de Carrascal y que el miércoles ganemos en Porto Alegre y que esta serie simplemente no existió. La razón, maldita, se ríe a carcajadas de las emociones y sentencia que a esta altura del año más fácil llega la vacuna que un goleador y que el miércoles en Brasil la noche será más oscura que esta que apenas está terminando.  Triste por la derrota inesperada y el trofeo que se va; me aferro a las emociones como lo he hecho toda la vida vestido de rojo, así la razón se atreviese cada segundo con un arrojo de verdad. ¡Vamos, América!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ – @MBER226

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