QUÉ TRISTE, AMÉRICA

#EscritoConElAlma

Tolima 1 – AMÉRICA 0

QUÉ TRISTE, AMÉRICA

Once deportistas vestidos con un horroroso manto gris, saltaron a la cancha de entrenamiento del campeón. Algunos hicieron de conos, otros de rollos, un par más actuaron de escalera y todos en perfecta coreografía, actuaron de palitroques cuando, en un tiro de esquina de esta práctica nocturna, el balón cayó en el área y un rival cabeceó ante su mirada atenta y conchuda.

Gamero, un técnico de verdad, de caché; lideraba a sus jugadores con órdenes precisas y seductoras, que en el campo, sus dirigidos ejecutaban con la misma precisión y hasta devoción. Controlaban el balón, el juego, las emociones y como no, a su débil y lánguido esparrin.  El entrenamiento seguía. El campeón, a media máquina, gestionaba el ritmo de la jornada y con algún asomo de precisión sentenciaría la práctica.

El equipo de gris, lleno de jugadores apáticos hasta las vértebras y con un entrenador sin sustancia, tocaba el balón en la oscuridad lidiando  con la pereza y el bostezo. El hincha sufría en la tribuna, pues para la gente, cada partido es un capítulo mismo de su vida,  y sienten con rabia y dolor que en la cancha su sentimiento es burlado de forma ruin. No patearon al arco, no corrieron… Apenas un enjuto jovencito, en cinco minutos, corrió e hizo más por el partido que el lento delantero absurdo, el extremo recoleto, el creador errante, el talentoso vagabundo, el lateral inofensivo y el nalgón, el capitán tieso, el volante espeso y el central obeso. Ese jovencito, con muy pocos almuerzos a cuestas, desbordó dos veces y provocó un tiro libre que por poco otro deportista de gris convierte en gol. ¡Perdimos!

La noche terminó como la vi al inició de la mañana, sofocado por un pesimismo agobiante. Es difícil creer en una victoria sin identidad en la ropa, la idea y la cabeza. Sin embargo, cuando rodó el balón, creí que iban a ser rebeldes y arruinarían el entrenamiento del campeón. Nada de eso pasó. Hoy ni piedra dio ver al equipo, es que fueron tan tristes y anémicos, que ni siquiera hubo ganas de arriarles la madre. Qué triste, mi América de Cali.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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