¡PEGALE! … ¡¡PEGALE!!

#EscritoConElAlma

Patriotas 0 – AMÉRICA 0

¡PEGALE! … ¡¡PEGALE!!

¡Pegale! … Ay, Dios.

¡Pegale! … – Se lo comió –

“Durooooooooooo”… Salió un tirito de dos pesos a las manos del arquero.

¡Pegale! ¡Pegale! … Se la quitaron.

¡Pegale, miserable! … Por poco se ahorca con un enganche.

Así transcurrió el primer tiempo. Entre rezongos esperando que un equipo ligerito y sin pegada, anotara un gol. América dizque jugaba bien.  Parecía ser la imagen del juego. Empero, la verdad, es que sostenía el balón, entre otras razones por la pobreza de su triste rival. Parecía que el relator hablaba de una sinfonía cuando la pieza que sonaba era una copla arrítmica. No nos llamemos a engaños, por favor. Falta pegada, falta cuerpo por las puntas, vigor y presencia en la zona caliente; casi nada.  ¡Pegale! … ¡Pegale! … Otro inofensivo y tibio remate.

El equipo sintió el esfuerzo y cayó. Felicio, petrificado, no apareció y el rival creyó que podría sacar adelante el partido. Corredor, un boyacence ducho  en eso de causarle amargura a América, ordenó atacar la zona de Armero que apenas podía mantener un trotecito vanidoso. Hicieron figura a Neto que con cuatro atajadas sentenció el destino del arco por un largo tiempo.  El cero tendió su manto agreste, no existía la más remota posibilidad de cantar un gol. – No tenemos pegada – Pensé agarrándome la cabeza a dos manos, refunfuñando, puteando en silencio, mirando de reojo como un jugador de blanco pisaba el área para meter el gol que cambiara esta amargura momentánea. ¡Pegale! ¡Pegale, hacé algo, pues!… Suave, por fuera.  ¡Hijueputa!

Ojalá me equivoque y tenga que tragarme con vinagre pasado estas líneas. Pero, sin gol, sin presencia, sin pegada y sin entrenador, es muy jodido y hasta utópico creer que podremos jugar más de 19 partidos y volver a sonreír con la luz de un título.  Sin embargo, creo en este proyecto y en el timonazo que vendrá con el correr de los partidos, porque es América y no porque esté convencido, porque cuando me visto de rojo todo cambia y no tengo más remedio que alentar.  En el fondo del alma, donde nace este trabajo, tengo la esperanza que todo va a cambiar y que, de repente, este presente teñido de una osamenta de penumbra y desolación, se torne alegre y pueda ver pletórico de orgullo un equipo vestido completamente de rojo, actuando en la cancha de un Pascual Guerrero a reventar, el himno de fe y alegría que tanto suena en el cielo de los cantores por estos días… Por desgracia, la esperanza suele ser un poeta cruel.

¡Pegale! ¡Pegale! …. Otra masita a las manos del portero. Fin.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

0Shares