OJALÁ


#EscritoConElAlma


AMÉRICA 1 – Patriotas 1

De un  lateral, como cuando once enfrentó a séptimo en el colegio, llegó el golazo infame de Patriotas.  La noche que empezó fría como un témpano, se heló por completo ante la abominable pasividad de todos los rojos en el área y del entrenador que tiró a la basura 45 valiosos minutos. El equipo no jugó a nada y el banco bullía de excitación pidiendo pista. Con otros jugadores, tal vez,  y una diminuta actitud ofensiva, seguro pasaríamos por encima de este valiente rival. La luz mortecina del Pascual, se apagó.

El entrenador, del que hasta ahora apenas podemos describir su capacidad de apuntar los botones de su camisa, metió mano en el equipo sin lograr cambiar el resultado y el trámite de un juego huraño que caminaba a la perdición.  Me resisto a creer que perdamos este partido. El rival presumía el paso del tiempo y los contragolpes que no se le dio la gana concretar.  El rojo seguía sin rumbo, abusando del peloteo insulso, sobreviviendo al juego, revolcándose en su impotencia y esperando un arrojo individual que al fin llevara las emociones al placer.

El reloj seguía implacable como aliado a la desgracia de perder de local en el cumpleaños de la ciudad de los encantos. América tardó en poner ritmo y ambición. Tardó más de 80 minutos en hallar el camino y lanzarle un guiño a su hinchada fiel.  Vergara recibió el balón lejos del calorcito del área y lanzó una gambeta extraña hacia afuera… Luego, enderezó el andar y siguió el aroma seductor de las piolas. Metió otro arranconazo, metió lomo.  Dejó atrás un par de rivales y pasó el balón fuerte y al pie, como ordenan en las canteras. La gente abandono su puesto creyendo en el empate.  Rangel hizo un gran aporte a esa maravilla y prolongó la vida con un toque preciso y ambicioso. Vergara pasó como una exhalación y fue derribado. ¡Peeeenal! ¡Peeeenal¡ Pisano, que acompañaba campante por derecha, recogió el balón que a esa altura de la jugada ya iba tan pequeño como una canica y con un derechazo destemplado mandó el balón al fondo donde lo esperaba el grito de la gente adicta por este color. Goool. Gol de América. ¡Vamos! Vamos que lo ganamos.

Lamentablemente el juego estaba por terminar y no habría más emociones por contar.  El entrenador que apenas hoy se inició en esto de no ganar con el rojo y sentir el murmullo inquisidor de la tribuna, caminaba en silencio asimilando el desenlace.  Ojalá valore la materia prima que tiene y que sus antecesores no tuvieron. Ojalá entre pronto en la dinámica frenética que supone ser entrenador de este América de Cali ávido de títulos y anémico de grandeza.  Ojalá su experiencia lo lleve por buen rumbo en esta vorágine y sus decisiones se traduzcan en puntos, alegrías e ilusión. Ojalá este sea el camino y no una paradoja absurda del círculo vicioso. Ojalá ponga lo mejor que tiene disponible sin guardarse nada, lea algo inspirador, trabaje hasta el cansancio y se vista de entrenador para ganar en Barranquilla. ¡Vamos, América!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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