LÉALO BIEN, PROFESOR

#EscritoConElAlma

El líder del campeonato con sendos números de visitante, saltó a la cancha sin delanteros. Sí, léalo bien, ni uno solo. Y aunque jugó bien y llevó el partido sin apuros hasta el final del primer tiempo, no la metió y eso cuenta tanto como no tener un delantero en cancha. Once Caldas atacó el socavón que supone cada salida y cada regreso de Zuluaga. Como en una pesadilla de Krueger o Jack; los nuestros estaban indefensos, lentos y superados frente al embate del rival. Zuluaga jamás regresó, Segovia cometió el tercero de los cuatro horrores que firmó hoy y Volpi impotente y visiblemente molesto, tuvo que sacarla del fondo.

Sin embargo, en el ambiente rondaba una sensación extraña que permitía pensar y hasta creer que el equipo daría vuelta. El entrenador metió un cambio y tras unos buenos minutos, Sierra marcó un gol de ballet con un giro precioso y un sablazo a la red. Lástima que algunos minutos después nuestra comparsa defensiva hizo lo propio y entregó el partido, porque ese gol de Sierra habría merecido la pena describirlo y degustarlo tantas veces hasta memorizarlo. Volpi otra vez disgustado, impotente, frustrado y visiblemente emputado la tuvo que sacar del fondo.

A esta altura un frio salvaje que se filtra por los huesos se instaló en el corazón y no pararía hasta el final del partido. La derrota era una realidad. Perdimos siendo otra vez ese ese equipo pando y poco confiable que lograba puntos por azar. Perdimos con dos remates en los palos, un par de opciones más y mil pecados en defensa. Caímos saboreando el vinagre de una derrota que pudo ser una dulce victoria. Pagamos pecados, errores, desidia y vanidad. Da piedra perder y más con el buche vacío…

La mochila llena de piedras y  reproches ya está sobre el lomo del entrenador; se viene el clásico y bajo ninguna circunstancia terrenal o divina se puede empatar y mucho menos perder ¡Ni por el putas! Ojalá el entrenador que hoy no quiso ser tico ni luso sino catalán; ponga un delantero, corrija esa plasta defensiva, el socavón de la derecha y la temperatura corporal de un par de jugadores. El del domingo puede ser el partido más importante y trascendental de este entrenador; le llegó la hora de la verdad. Por lo pronto le dejo esta frase que le acompañará hasta el domingo. Léalo bien profesor Guimaraes: A esos les tenemos que ganar. Se lo repito, profesor. Léalo bien: A esos les tenemos que ganar. ¡Vamos, América!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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