¿GANAMOS? AL PARECER, SÍ

#EscritoConElAlma

AMÉRICA 2 – Rionegro 1

¿GANAMOS? AL PARECER, SÍ

El estruendo gris de la soledad; la voracidad del silencio, el mensaje cifrado, la ausencia repentina, el aroma a poco, el frío de una tarde soleada y el luto simbólico recibieron a lo que queda del equipo y su infame aspiración. El juego iniciaba ante un marco deprimente. No hay nada más triste que una tribuna sin hinchas y no hay algo más doloroso que una camiseta pisoteada.

El rival marcó un gol ante la mirada secuaz de algunas camisetas rojas. La tarde, que de por sí, venía sin encanto, empezó a perder cualquier atisbo de interés. Derrocharía tiempo valioso recreando con letras lo que nuestro “flamante goleador” perdió bajo el arco. Y sería injusto con la suprema verdad, pretender citar algo bueno del primer tiempo. El rojo perdía, nada extraño, y la lluvia de madrazos  simplemente caía… Nada tan triste como putear a tu equipo, el que alguna vez te ha dado una alegría y un motivo para reír.

En fin, América reaccionó. El segundo tiempo pasó muy rápido pues poco interés había. Sin embargo, en un momento de lucidez, el equipo parecía arrollar a su rival justo cuando el reloj aceleraba el paso. Tiros al palo, opciones falladas y atajadas del arquero rival invitaban a creer que la derrota no era una opción, al menos esta tarde.  Franco lanzó un pelotazo / asistencia al punto penal donde un enjuto jovencito de apellido Quiñoñes, encontró la bendición de su primer gol como profesional. Una ligera emoción cautivó la tarde parca… Y bueno, no le voy a mentir, salté de la silla unos minutos después cuando Aristeguieta, el mismo que falla y falla bajo el arco, burló la marca de su rival y sin levantarse, cabeceó un balón que saltó a la red y explotó en un silencioso gol. No le voy a mentir, no tengo por qué hacerlo; lo grité con el corazón. ¿Ganamos? Al parecer sí. Vaya sensación extraña.

La efímera alegría se congeló lentamente al clavar los sentidos en la cruel realidad. La emoción se acabó y los reproches se multiplican con cada paso.  Hay que ganar, como sea, los próximos partidos. Hay que ganar, no por esa idea remota y casi absurda de clasificar a una fiesta para la cual no tenemos chiros, sino porque debemos sumar puntos en la tabla aquella, que hace unos años ignoramos y muy oronda pasó factura una noche apocalíptica de sábado, de llanto y penales errados.  El juez levantó los brazos, pidió el balón. Algunos se abrazaron, otros aplaudieron, alguno se persignó y otro sacudió una bandera… ¿Ganamos? Al parecer sí. Vaya sensación extraña.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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