ESPERANZA…

#EscritoConElAlma

Un insípido dale rooooo, dale rooooo, se desprendía de la popular. La soledad en las tribunas, tan elocuente y cruel como exige nuestra realidad, aportaba al juego un tono lúgubre, acentuado por el juego de América y la oscuridad que luego cernió su poder. Ojalá acaben este partido… Ojalá inicie pronto el mundial y deje este semestre de una vez por todas en el paréntesis del olvido.

Gol de Alianza. Era inevitable. El de amarillo, ese equipo que una vez vino a esta cancha y en el ocaso de un aguacero bíblico se llevó la sonrisa de millones, jugaba mejor. Los nuestros simplemente, como almas en pena, veían pasar la noche desde el tibio y acabado césped del Pascual.  El primer tiempo se fue bajo el estruendo solemne de los silbidos, las injurias, la rabia y el dolor, todos mezclados en el corazón del hincha forrado en su camiseta roja, que a pesar de todo, de todo,  aún cree que hay esperanza de clasificar.

El equipo reaccionó. Mejoró. Encontró en la mitad de la cancha la respuesta a todos los interrogantes. Bueno, también influyó la determinación que muchos definen como coraje. Atacó. Y así como inevitable había sido el gol del rival, el empate era una certidumbre. Y llegó. Siempre creí que en estas páginas, me iba a cansar de describir goles de Lizarazo de sendos zurdazos, misiles que  salían de su pierna izquierda y cañonazos que destrozaban las redes de los arcos. Su bautizo fue distinto y lejos de lo convencional. De un ligero salto, como el de una rana de cristal, tocó el  balón con la cabeza y  suavemente reposó en la red. ¡Vaaaamos!

El empate parecía sentenciar lo que muchos, poseídos por una amargura rebelde, daban por hecho. Sin embargo, la noche y el fútbol mismo, guardaban un obsequio para levantarse de la silla y no solo gritar gol. Tiro libre. Angulo tomó el balón y algo le susurró; lo acarició, lo mimó.  Hincó su cuerpo y apoyado en la yema de sus dedos, lo dejó en el suelo. Fijó la mirada. Pateó. El balón superó la barrera y estalló en pura belleza en la red. Del grito insaciable de gol brotaba a cantaros la palabra esperanza y cientos de pañuelos blancos pidiendo indulto para el balón. Fue una absoluta belleza. ¡Golazo!

Como es costumbre el juego terminó con zozobra. Hoy, más que ayer, duelen los goles que ese Junior bajitico de sal nos marcó. Qué vaina. La tarea sigue siendo jodida. El domingo alentaremos por una nueva victoria que fortalezca la esperanza parida hoy en San Fernando. El cuerdo me dice que estamos eliminados; que deje de ser pendejo y creer en historias fantásticas y cuentos de fútbol, que siga escribiendo la novela y deje de perder el tiempo en texticos maricas escritos con el alma para América. Pero el corazón, que al final es el que manda en esto de la pasión; me dice absolutamente convencido, que coja mi trapo y aliente, que América está por encima de todo y de todos, que vaya hasta el final y me aferre como un peregrino a la esperanza que me entregó aquel balón colgado del ángulo. ¡Vamos América!

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

 MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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