EMPATE, Y A DORMIR

#EscritoConElAlma

Bejarano atajó una dentro de la nebulosa que fueron los primeros diez minutos del partido. El equipo tardó en hallar el balón pero una vez lo consiguió, su rival no lo volvió a encontrar.  Parecía la continuación extraviada del primer tiempo del sábado anterior y las alegrías, sin duda, llegarían por montón.

La tarde seguía su curso y el corazón su horizonte  claro de encontrar la felicidad. De un saque lateral (se quiere matar Gamero), Borja recibió y amparado por su carrocería blindada, apartó a dos rivales para lanzar un centro poco ortodoxo. El balón, de repente, tomó altura y en la zona más caliente del área, donde se cuecen los campeonatos, Carmelo asaltó la posición, y de un toque casi imperceptible, desvió el rumbo de aquel centro poco pretencioso, firmando su primer gol vestido de rojo. La celebración en la cancha era un reflejo de la caricia que aquel gol dio al corazón y del abrazo sincero entre americanos revueltos en la tribuna. Felicidad plena.

Sin embargo, el rojo empezó a fallar, incluso de forma ruin, las opciones de ampliar el resultado y hasta liquidar el juego… Gamero respiraba. Y el profesor Da Silva, cuyo rostro dejaba ver una chispa de exasperación por el juego de su equipo, apenas lo podía creer.

La segunda parte copió la esencia de la primera, incluso los yerros macabros en definición. El rival se animó, y aunque no fue del todo peligroso, dejó en el ambiente la sensación maluca de zozobra.   La tribuna alentaba con un hilo de desconcierto en su voz y un silbido quejumbroso del que apenas se podía escuchar: Güeeeevos, güeeeevos, güeeeevos. El equipo sintió el peso del partido y hubo necesidad perentoria de estirar el esfuerzo. El juego atravesaba esa línea estrecha que separa una victoria llena de elogios de un insulso empate. – Por poco ellos –, – Por poco nosotros –. Y en ese pulso, casi suicida, luego de un tiro libre a favor, sí, a favor. Tolima sacó ventaja, aprovechando media docena de errores. ¡Como carajos se juega el equipo en un tiro libre! ¡Como carajos! Gol, y mejor dejar esto así. Empate, y a dormir.

Regreso a casa con la calma estragada por aquel gol infame. Tranquilo porque vendrán cosas grandes con este equipo.  Pero impaciente, al límite de la piel, por los estruendosos y repetidos fallos. Respiro una bocanada de aire fresco, y le doy un espacio a la reflexión que no es otra más que seguir adelante como el rojo pura sangre que soy. Respiro nuevamente y pienso en la histórica Buenos Aires vestida de rojo, en lo lindo que todo esto será. Respiro de nuevo, ahora un aire denso y tóxico, y se atraviesa de nuevo la jugada imperdonable de esta noche. Gol de Tolima. ¡Jueputa! Empate y a dormir.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ – @MBER226

 

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