EL GOL QUE NO LLEGÓ

#EscritoConElAlma

Equidad 3 – AMÉRICA 3 

Fue una vorágine de goles y emociones cambiantes.  El reproche por la inocencia preponderante en nuestra zaga y el séptimo de Rangel con el rojo más el estruendo ensordecedor de gol. El toque mágico de una jugada fantástica inventada por Quiñones y que Rangel en estado divino,  definió con la seguridad, aplomo y fortuna del implacable goleador de antaño. Y nuevamente la bruma defensiva, la sarta de errores, el reproche sentido, el tufo a decepción, la ira, la bronca; un gol del rival.

América iba a ganar el partido. No cabía un ápice de duda en la muchedumbre que forró el estadio de rojo y saltó y cantó como en los años buenos cuando ni la lluvia forzaba un paso atrás… Empero, el ser humano con silbato en la boca y diligencia de avestruz señaló un penal absurdo y tirano que Volpi, envuelto en una túnica de frustración, tampoco pudo detener…  Silencio aterrador; momentáneo pero aterrador.

El equipo siguió. Lo intentó como lo hizo desde las cinco de la tarde cuando el frío no importó. Era ridículo salir derrotados.  El entrenador metió mano y en la cancha los jugadores multiplicaron el esfuerzo en contra del reloj  y de su rival que no iba a aguantar. Pedro Franco ganó en ataque una de las que perdió en defensa y con un cabezazo textual puso el balón al fondo y el empate que aún parecía poca cosa. ¡Vaaaamos!  El equipo se fue encima.

La victoria estaba en el horizonte cercano de un abrazo o de una avalancha en la popular.  El rival casi abatido rechazaba a tientas lo que la avanzada roja le tiraba y Novoa hizo la atajada de su vida.  Llovían centros; del césped brotaban gambetas de Vergara.  Misiles salían del acorazado pie izquierdo de Sierra y del pecho de Rangel espigas que ninguno aprovechó.  La gente no dejaba de alentar, el púbico estaba de pie, la antesala del grito de gol se cernía por cada esquina de la cancha y hasta el martillo de mundo aventura, detrás del arco, quedo suspendido en lo alto para ver el gol del rojo y sentir el grito majestuoso que iba a venir a darle sentido a este día lleno de emociones a medio freír… No hubo tal. Al final el frío domingo y el tapiz nocturno de la húmeda noche capitalina fueron el escenario perfecto para el cuarto gol; el que no llegó. El juego terminó.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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