CUESTIÓN DE ALTURA

#EscritoConElAlma

Esto no es con mensajes motivacionales ni palabras de ánimo. Esto no es mirando la paja en el ojo ajeno ni señalando a otros. Esto no es con las manos atrás y con rostro tierno diciendo que “Tenemos que salir a ganar donde sea”. Esto no es de boquilla.  Esto es con nueces y no con ruido. ¡Esto es la cancha papá! ¡Allá en el césped, a la hora de los totes!

La tarde glacial, como esas que Millonarios nos ha hecho pasar en la capital, no dio espera a su siniestro andar.  Gol de Millonarios.  La zona de seguridad ejerció una pasividad sombría y aterradora sobre el delantero.  Cuando iban a marcarlo, Del Valle ya había abrazado a todos sus compañeros y dedicado el gol a la tribuna. Las gotas seguían cayendo. La tarde zumbaba de frío. El ataque incesante del rival prometía lo peor, como la ciega presagiando la desgracia en Macondo. Penal y gol de Millonarios. Gol de Cadavid… Los nuestros regados en el césped, no hacían nada para frenar el impulso frenético de una desgracia anunciada. Los de rojo, diminutos, se retiran al camerino con la mirada clavada en el césped; derrotados y sometidos.

– Vamos a empatar – La esperanza mentirosa alojó su voluntad en el corazón empapado, aun cuando la razón había dictado sentencia.  La actitud del equipo en la cancha fue suficiente para saber que nada pasaría con aquellos que hoy vistieron de rojo. Mientras que los de azul se regodeaban en la miel de otro gol. Doblete de Cadavid. Qué fácil fue esto para Millonarios. Qué entrenamiento más sabroso tuvo el actual campeón.

Sobre el final, cuando Millonarios sobraba el partido y abusaba del toque para divertir a su gente. Ramírez logró un balón en el área que pudo poner en la red. Gol. Un gol insípido y vacío que apenas sirvió para decorar el resultado y ponerle esparadrapo a la herida causada por esta derrota dolorosa. Ni siquiera ese sábado a la tarde, tan lluvioso como hoy, cuando nos mandaron a la promoción, fue tan humillante como esta patética y desoladora tarde. Ni rebeldía. Ni entusiasmo. Mejor se hubieran quedado en casa preparando el partido del jueves. Qué pobre nivel y qué triste actitud la de hoy. Qué lánguido e indolente América de Cali pasó por Bogotá. ¡Qué chicos fuimos! Qué dolor escribirlo. Cuestión de altura.  Sin duda, es la explicación.

Para esta hinchada, que alentó en las buenas, las malas, las muy malas y la peor, hay tres partidos que no soporta perder: Millonarios, Nacional y Cali. Y si se pierden, por esas razones que solo tiene el fútbol, hay que dejar el pellejo y luego el alma en la cancha… Lamentablemente y con profundo dolor, debemos reconocer que desde el regreso a primera, salvo una ligera excepción, no hemos estado a la altura de tal compromiso. Con el agravante que siempre que los vimos, fuimos diminutos, patéticos, cobardes, e inferiores a la gran responsabilidad. Cuestión de altura. Sin duda, es la explicación.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ – @MBER226

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