CUATRO MINUTOS BASTARON

#EscritoConElAma

Gol del Cali.  No puedes salir dormido a un partido de fútbol. No puedes salir a jugar un clásico sin ímpetu en las glándulas. No te pueden arrasar y someter con tanta facilidad en un par de minutos. Los clásicos, señores jugadores, se juegan como ustedes toda la semana lo recitan cuando tienen un micrófono al frente: “Son partidos aparte” América tardó poco más de 20 minutos para asimilar que el clásico cuya victoria se prometieron en la intimidad del vestuario había empezado.

Carrascal no apareció y sin su gestión el fútbol del rojo es amorfo.  Sierra sigue lejos de ser ese volante macizo de ida y vuelta que se metió en el corazón de la hinchada.  Y adelante Ramos, Vergara y Rangel separados como islotes, inconexos, fastidiados.  Luego de ese inicio tétrico el fútbol apareció a cuenta gotas.  El rojo equilibró el trámite, las opciones e incluso las emociones de un clásico sabroso y bien jugado. Lo que no pudo nivelar fue la frialdad absurda del inicio que marcó el rumbo de este sábado fúnebre…

– No tengo dudas que lo remontamos pero cómo duelen esos primeros minutos –

Con el inicio del segundo tiempo el rojo dominaba levemente a su rival y le tiraba la chapa de campeón. La tarde, de repente, parecía acomodarse al deseo fulminante de ganar un clásico.  Adriancho recibió en el área un balón difícil de controlar.  Saltó, aguanto, y de cabeza lo sacó del área pero no así del calor. Vergara recibió el balón de pecho dejándolo deslizar por su camiseta hasta que lo sintió sobre su pie derecho. Y con un movimiento de autor mando el balón al fondo ante la mirada incrédula del arquero González. ¡Golazooo! El rojo estaba listo para dar vuelta y celebrar nuevamente en el templo del silencio. ¡Golazooo!

Justo cuando la victoria se ponía al dente y la monita destapaba el guaro en el estanco, el juez mostró tarjeta roja a Rangel, expulsó a Carrascal y amonestó verbalmente a los otros. Restaban 10 minutos y cuatro o cinco de adición. América se agrupó, Chaux manejó el tiempo y el rival caía en desesperación. Adriancho y Cabrera perdieron cándidamente un balón que no debieron jugar y el Cali marcó el segundo apagando ese bello pensamiento con el que hoy despertamos los americanos.  Muchos endilgan la responsabilidad de la derrota a Ramos porque prefirió la épica. Otros a la irresponsabilidad de Rangel y Carrascal. Algún otro, táctico de redes sociales, señala a Guimaraes y el más radical putea al árbitro. Se cometieron muchos errores, es cierto, pero el más grave de todos fue la actitud antipática de los primeros cuatro minuto de este clásico a todas luces olvidable. Allí perdimos porque los goles del Cali, las expulsiones y las malas decisiones durante el juego fueron consecuencia de la frialdad absurda con la que saltaron a la cancha y encararon los primeros minutos del clásico 290.  A trabajar, pues.  ¡Vamos, América!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

#EscritoConElAlma

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