CUÁNTA INGENUIDAD

#EscritoConElAlma

Hoy, cuando el tinto de los nervios expiraba y la nómina titular invadía la pantalla de mi teléfono, no pude sentir más que rabia y una profunda decepción. Reza una de esas frases hechas del fútbol que “equipo que gana no se cambia”. Para nuestra desgracia y pena de los hilos de afecto que nos unen a Jersson, esa frase cambió. Equipo al que le pasan por encima, que no patea al arco, que no genera fútbol, que da lástima, que no respeta a la hinchada, que no tiene soluciones, anémico, sin sangre; ese equipo no se cambia. Los mismos espectros del domingo iniciaron hoy. Cuánta ingenuidad junta.

Sin embargo, como suele pasar cuando el rojo juega, la ilusión volvía a palpitar. Lejos estaba de saber que solo  seis minutos bastarían para que la puta realidad nos abofeteara de nuevo. Ante la mirada contemplativa y cómplice de Quiñónez, Segovia, Torres, Flórez, Riascos, Sierra y Paz; ¡NADIE METIÓ LA PIERNITA!, un jugador rival pateó y marcó el gol que hizo absurdos los minutos siguientes y el resto de una tarde lúgubre y mortecina.  El rival le entregó el balón a los nuestros entendiendo que así les causaba problemas y estuvo a muy poco de ampliar el marcador y luego llenarnos la mochila. América, llevando a cuestas la decepción de sus hinchas, arrastraba los pies y hacía lo que podía o tal vez lo que el rival le permitía. Aristeguieta la tuvo, y su remate trazó una línea paralela a la raya de gol y fue a morir en el saque lateral.  Cuánta ingenuidad junta, por Dios.

El entrenador que parece hacer los cambios metiendo la mano en dos bolsas, una con el nombre de los suplentes y otra con los titulares, hizo lo propio y, bueno, no pasó nada. Como el célebre equipo de Droguerías Farmadescuentos, empezó a tirar pelotazos, uno tras de otro, hasta agotar el tiempo que sobraba, puesta esta recocha terminó a los seis minutos del primer tiempo. Torres la tuvo, Medina también y Aristeguieta pateó un balón que parece aún no ha caído. Eliminados, sin eufemismos ni palabras de aliento o epopeya. ¡Somos una recocha!

Esta hinchada convertida en una máquina de malos recuerdos y un torbellino constante de tristezas; hoy recibió otro golpe para ese inventario de momentos a olvidar. Eliminados prematuramente de un cuadrangular que tal vez no íbamos a ganar, pero en el cual esperaba llegar vivo a la última fecha para al fin, dizque ganarle a Millonarios. Escribo esto embargado de una profunda tristeza contendiendo el gesto de decepción que produce ver jugar a este América de Cali… Son una recocha desde la cabeza hasta el más recóndito pensamiento del inexperto entrenador. Estimado Jersson; en la vida a veces es sano decir que  no, porque todo llega, solo basta saber esperar.  Usted que con esfuerzo forjó tanto afecto vestido de rojo con el 16 a su espalda; hoy se está comiendo los madrazos, tomates podridos y escupitajos de un presente gris y que deben ser para otros.  Prefiero quedarme con el recuerdo indeleble de Jersson jugador, campeón, de  tobilleras blancas y mirada fiel y  no con esta versión pálida de entrenador. Prefiero conservar en el recuerdo el emotivo y sincero ¡Jerssson, Jerssson! que salía de la tribuna y no con el ¡Burro! ¡Cometero! ¡Tribunero! ¡Vende humo! ¡#$*&! ¡Mercenario! y demás rosario de madrazos que hoy caen inmisericorde sobre usted.  Cuánta ingenuidad junta, Jersson… Cuánta ingenuidad.  ¡Vamos América!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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