CASA LLENA

#EscritoConElAlma

El juego inició ante la casa llena y el antecedente reciente del sábado 16… Un par de aliños suficientes para creer que la noche de hoy sería un espectáculo primaveral para guardar en la placenta del corazón o, ojalá no, archivar en el sótano de los recuerdos. Sin puntos medios. Entonces, el rojo, con una mochila llena de derrotas, agobiado por una anemia futbolística y lleno de jugadores arrugados, empezó a arar la desgracia que con el paso de los minutos tomó cuerpo.

Dineno, después de un centro cómplice, sin saltar ganó en el aire; marcó el segundo. Cadavid recogió los brazos, Segovia miró, Quiñónez no cerro, cayó, y Torres la sacó del fondo. El estadio quedó en silencio y algunos pocos en la ciudad cantaron gol.  A esa altura el partido se antojaba muy fácil para el rival que lucía cómodo y extremadamente relajado.

El entrenador, como suele pasar en momentos de alta tensión, se nubló y dejó pasar 70 minutos para mover el equipo, una eternidad. Llenó la cancha de delanteros, pero jamás logró poner a Aristeguieta en el área. Muchas veces el goleador aparecía transportando el balón en la mitad mientras Riascos daba volteretas como un perro tras su cola y Cabrera huía del balón… El tiempo ni siquiera pasaba rápido, o tal vez era una percepción por la velocidad de encostalados de los nuestros. América no solo era dominado en lo futbolístico sino en lo sicológico. Jamás se encontró y parecía empeñado en jugar mal. Con el minuto 90 a cuestas, sin la menor oportunidad de empatar y vociferando desgracias, el partido se consumía. El entrenador tenía esa mirada perdida de vendedor de bon ice a las cuatro de la tarde como sentenciando el resultado, y ni siquiera un arrojo de optimismo inútil nos sacaría de esta derrota puta. Fueron superiores en todos los aspectos y posiciones. Ganaron bien. Tiraron caños, manejaron el tiempo, se regodearon en la cancha y se sacaron la espinita. ¡Hijueputa!  

El juez señaló el final dejando 38 mil almas sepultadas por la sombra de la frustración. La noche ya  hedía a decepción y rabia. No hay derecho. ¡Respeten, carajo! Otra vez la casa se llenó para ver un equipo desgarbado y sin alma. Otra vez la casa se preparó para un banquete que al final resultó siendo algunos garbanzos espichados, media tajada madura con hormigas en la punta, arroz avinagrado y el tuétano de lo que pudo ser un hueso de pollo roído. Arcadas produjo el fútbol de América. ¿Para qué casa llena? Para qué la fiesta y el color si en la cancha fueron un Atlético más. Pareciera que ver la casa llena les borrara del léxico las palabras respeto e hinchada. Se viene una semana dura que, como el partido de esta noche, no tendrá punto medio; o nos recuperamos y en una semana exacta respiramos un aire mejor y acariciamos la clasificación, o seguiremos puteando ya pidiendo la cabeza del entrenador y empezaremos campañas maricas de 9 de 9 y otras paparruchadas. ¡No más, déjense de joder! Respiro, puteo de nuevo como casi toda la noche y del fondo de mi alma grito: ¡VAMOS, AMÉRICA. VAMOS!

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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