ALGO CAMBIÓ

#EscritoConElAlma

Alianza Petrolera 2 – AMÉRICA 2

ALGO CAMBIÓ

 

La noche inició envuelta en el familiar olor a catástrofe y aquel perfume de desgracia que nos persigue cual sombra siniestra. Otra vez, antes de diez minutos, el destrozado América de Cali empezaba perdiendo un juego. Tan normal como respirar.  ¡La marcaaaa! El salto, la reacción. De nuevo, como en Ibagué, todos los nuestros miraron al rival empujar el balón. No hay derecho, mi hermano. Gol de Alianza.

La sonrisa y el rostro simpático que el profesor Castro enseñó en su presentación, cambiaron de inmediato buscando explicaciones en sus monólogos de indignación.  El equipo, como no, seguía sin alma en la cancha. Vásquez, tal vez jugó su peor partido como profesional. Y salvo el venezolano, a todos el partido les pasó por encima.  La noche, tan impredecible como el fútbol mismo, le obsequió al moribundo de rojo un motivo para creer. Aristeguieta, cansado de pelear abajo; saltó, se elevó, anticipó la verdad y de un cabezazo certero, acabó con una racha lastimera y denigrante. ¡Golazo! ¡Golazo!

Volpi, olvidó una de las premisas del arquero en un tiro libre y abandonó su palo… Ni su mirada parca y perdida pudo evitar que el balón entrara. Otra vez abajo. Otra vez ese aroma a desgracia. Una semana más de lamentos y burlas… El entrenador movió sus piezas. El equipo mejoró. El empate merodeaba; era una certeza, casi una verdad.  Pero el reloj marchaba; realmente corría. Y de repente, cuando el rival atacaba, de un suspiro fugaz brotó la verdad. Los de rojo atravesaron la cancha con una velocidad inverosímil.  Antes de terminar el suspiro de fábula, el balón quedó en los pies de Dájome, un delantero instintivamente malo. Levantó la cabeza.

Un grito de gol interrumpió los murmullos de resignación. ¿Qué? ¿Lo metió? ¡No puede ser¡ Gol, Gol. Gol. Gol.  Aunque pueda sonar tirado de los cabellos y hasta descomedido: Dájome marcó el empate… ¡Vamos que lo ganamos! El rojo siguió cargando, parecía un equipo diferente. Estaban reventados pero iban por el partido. El milagro empezó a rodar. Los rivales sucumbían ante un ataque casi visceral. Aristeguieta recibió al borde del área con la tinta mágica de una victoria grandiosa. De un amague dejó a dos defensas. – Lo vamos a ganar – Susurró el corazón. Empujó el balón, lo acomodó, clavó la mirada en el piso y con el último esfuerzo, pateó.

Quedan 30 segundos. Aún lo podemos ganar.

– ¡Lo merecemos! – Gritó el corazón.

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ — @MBER226

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