UN GUARO, POR FAVOR.

El sosiego que brindaba una noche espesa de pocas emociones pero mucho control, se fue al piso con dos remates peligrosos de Carrascal que provocaron un feo punzón en el pecho.  El rojo que fingía controlar el juego, ignoró ese paréntesis casi majadero y volvió a la carga, encima de su rival como en la alborada del juego.

 

Lizarazo lanzó un tiro de esquina que el equipo logró a punta de esmero y dedicación.  La defensa rival lo evacuó y Angulo lo regresó al balcón del área donde Arboleda saltó cuan largo es para sostenerse por un instante mágico abrazado por la brisa de San Fernando. Fue un salto imponente dedicado a los incrédulos y parlanchines. Tocó el balón con la cabeza envuelta en el pelambre para luego dibujar con un bote en el área una asistencia primaveral que Fernández repleto de convicción, lanzó a la red provocando un estridente grito de gol que aún resuena en sur. 

 

La noche no volvió a ser la misma.  El rojo encontró el camino tras el gol del paraguayo, la excesiva precisión de Botinelli y el fútbol eficiente de Arboleda y Vásquez. ¡Qué bien América! Y al cabo de diez minutos, cuando el gol aun retumbaba en el miocardio, y la sonrisa infinita se prolongaba, el equipo selló un instante mágico con otro boceto de perfección. El lateral invertido tocó. El zurdo de creación pasó. El argentino indicó el camino que Arboleda interpretó con un pase exquisito que el otro lateral disfrazado de puntero recibió y acomodó a su pie derecho. (Hasta ahí ya era un jugada de colección) Angulo, lanzó un centro rasante que engañó a su marcador y que Fernández anticipó para desviarlo a la red donde quedó envuelto en una sábana con letras doradas que dicen “Golazo”.  Qué belleza, por Dios.

 

Había que saltar. Había que gritar ¡Queso! ¡Queso! Había que abrazar a otro americano. Había que gritar ¡Rojo! ¡Rojo!  Había que mirar al cielo y grabar en la memoria ese instante. Había que aplaudir y agitar el tórax gritando ¡Vaaaaaamos América!

 

El equipo refugiado en las órdenes de su entrenador entregó el balón y la iniciativa al rival pero conservó el control y la ventaja.  – ¡Ehhh! – Más de la cuenta para mi gusto. El segundo tiempo fue un amasijo denso.  García, Angulo y Bernal llegaron de la banca que solía ser un desierto desolador y ahora es un manantial de soluciones.  El equipo se sacudía un poco y sobre el final impuso de nuevo condiciones sobre un moribundo rival.  Angulo, al límite del área rival filtró un pelota como rara vez lo hizo en sus tiempos de titular… García la persiguió y sacó un sablazo que se acomodó con precisión y violencia en el espacio donde cualquier remate deja de serlo para reclamar derechos de golazo. Qué zapatazo, por Dios. Después de semejante gol y de una presentación como esta, lo único que le faltaba a este pedazo de noche para ser perfecta era un guaro.   

 

Un guaro por favor que ganamos. – Salud –

 

La noche que inició temprano empieza a dejar su estela al amanecer. Y en medio de ella, como noctámbulos felices, estamos los americanos regados por el país delirando por la victoria y la tranquilidad de saber que hay con que salir de la vuelta incomoda y pelear  una vuelta más.  Un guaro por favor que acompañe este instante feliz entre hermanos de camiseta y pasión. Un guaro para hablar y hablar de América mientras recordamos con una gesto de satisfacción los tres derechazos que sentenciaron la felicidad de un sábado joven de julio. Salud.            

 

Saludos y gracias por leer estas líneas

 

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

 

#EscritoConElAlma

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