REALISMO MÁGICO

 

Juan Camilo Angulo, de un derechazo tremendo y hermoso puso la sordina al carnaval que Teo había iniciado minutos atrás. El balón atravesó la barrera venciendo el escepticismo y golpeando la soberbia de su rival encontró la red. El corazón escarlata, literal, estalló con ese gol. Era irreal y hasta ilógico. El pobre, el que lleva años penando y tragando veneno cada domingo, golpeaba al rico, al poderoso, en su casa. En sus narices.

 

Sin embargo, el resultado se esfumaba. Marimondas y monocucos combinaban pasos infernales de una danza burlesca con cada opción que surgía en el área de Bejarano. Se sentían ganadores. Tan sobrados estaban que Teo no necesitó mala leche para enfriar el partido. El vendedor de butifarra y el de águila cero debatían, mientras se señalaban como ‘care mondá’, en qué minuto y quién marcaría el tercero – No tardará en llegar –. Bejarano se revolcó y lo evitó. El equipo luchaba pero el hígado los riñones y los güeeeevos no eran su suficientes. El sueño, gestado de la nada, estaba por acabar.

 

Sobre la agonía del minuto ochenta y siete, como en un cuento del nobel, Lizarazo lanzó al área los restos. Seis de los nuestros esperaban exhaustos pero hambrientos. Castañeda burló su marca, atacó el espacio y saltó… Se suspendió en el aire como sostenido por una hojarasca que apenas dejaba ver los chorros de sudor que atravesaban su espalda. En la cima de ese salto brutal encontró el balón que parecía hecho para su cabeza, lo tocó, lo desvió, lo sintió posar sobre su frente y supo entonces que esta noche sería nuestra. Fue un gol fragante, como un libro nuevo. Un aroma suave y placentero que contrastaba con el abrazo fuerte del americano de siempre. Nada más lindo que un gol al 90. ¡Vamos! Penales. ¡Vaaaamos!

 

Lizarazo cruzó un zurdazo de bayoneta que Viera ni siquiera vio. El corazón sintió esa descarga. – Lo gana la Mecha – Tal vez fue el corazón el que lo dijo porque a mi alrededor nadie podía musitar palabra alguna. Golazo por Dios. Lo gana la Mecha.

 

Bejarano se agachó y mordiendo amargura escuchó el estruendo del gol de Teo que se hizo ensordecedor cuando Viera detuvo el penal de Angulo y Sánchez marcaba el segundo de ellos. El cigarro se apagó sin haberlo aspirado la primera vez.  ¡Jueputa! El rostro de Bejarano no aguantaba un gesto más. Malditos penales, otra vez se van a tirar todo el esfuerzo. El corazón marcaba la intensidad de la desesperación mientras la voz anónima seguía insistiendo con terquedad escarlata: – Lo gana la Mecha –

 

Arboleda, ese jugador silencioso que llena su mochila de madrazos cada vez que va a la cancha y teme salir de su casa, llegó al punto penal. Sereno, acomodó el balón y raudo pateó un penal precioso que arrancó del hincha americano un madrazo, esta vez de felicidad. Gol, carajo. Estamos vivos.

 

— Lo tapó Bejarano — ¡Ay Bejarano de mi vida! — Lo tapó Bejarano —

 

Castañeda repitió la cita con el gol. Esta vez con un derechazo que Viera esperó en la mitad, pero que el varón que juega con la 26 que hoy muchos niños quieren tener, abrió el pie y puso la ventaja. Sentí ese deseo de correr, abrazar a Castañeda y decirle “gracias papá, impecable como siempre”  “Lo gana la mecha” Ya no era un susurro. Era un grito feroz. ¡LO GANA LA MECHA!

 

Bejarano esperó a Chará … Lo aguantó agazapado. Lo absorbió con la mirada. Lo desafió. Sintió el miedo al fracaso que ya curtió su cuero. Chará pateó y Bejarano, envuelto en una mística mágica,   atrajo el balón a sus guantes. ¡Ay Bejarano de mi vida! ¡Ay Bejarano de mi vida! ¡NOS DISTE EL PASO A SEMIS!  Celebren muchachos. Esto es de ustedes, jugadores. Se lo merecen por tener ese corazón tan grande. Por meter güeeeevos donde el fútbol no alcanza. Sacúdanse toda la mierda que les cayó en este tiempo miserable y sonrían porque son ustedes los que aguantaron, siempre creyeron y nos dieron una gran lección de humildad. Solo nos resta ponernos de pie, aplaudir y decirles gracias.

 

Martínez Borja agarró el definitivo. Viera, resignado, sabía que no tenía nada que hacer; que la Mecha lo iba a ganar. Roldán dio la orden y la vida se detuvo por un instante tan mágico como real. La tromba azabache inició su carrera y cumplió. Él siempre lo hace.

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

 

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

Comentarios

Deja una respuesta

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>




Últimas publicaciones