PUTO AMO

Los segundos no alcanzaron a tocar un minuto cuando el puto amo con el flamante 20 a su espalda, recogió con finura  un toque que llegó de un pase largo sin mucho aspaviento. Con su tronco de plastilina y piernas de alambre, como alguna vez Valdano describió a Bochini, descontó a un par de “esos” y al llegar al borde del área, punteó el balón. ¡Qué grosero, Lucu!, por Dios. Lo punteó y lo colgó allá, al fondo de la red, que bien pudo ser el corazón de la hinchada que deliró en un grito de gol ensordecedor, profundo.

 

La noche testigo de un juego salvaje y sentimental buscaba en cada camiseta roja un portento.  El puto amo que jugó por izquierda quitó, tocó y se proyectó como si no hubiera pasado nueve años desde su partida.  El puto amo que cumplió el sueño de todo hincha  de jugar con América anticipaba cualquier intento del rival y el puto amo a su lado lo complementaba de forma brillante.  El  puto amo que entró a la cancha con una carga emotiva por el infortunio de dos goles en  clásico pasado, hoy se tragó solito a Roa, Albarracín, Candelo, Benedeti y al recuerdo de Aravena y el maestro Arboleda, el puto amo del medio campo les quitó hasta la sombra. ¡Qué noche maravillosa la de esta noche!

 

El rojo que parecía una avalancha le llegó al rival por cada rendija de su zaga. Vargas ya era figura y se contaban líneas delgadas en el reloj para ver caer el segundo en el barrio más hermoso.  El puto amo parido en Uruguay, la tierra de los güeeeevos, luchó con coraje un balón que ganó y tradujo en penal… Martínez Borja, el puto amo, al frente de su arco favorito en casa y con la emotividad a mil, exhaló, y con la firme delicadeza que da la convicción cruzó un remate perfecto a la red lateral.  El estadio se quería caer. La noche también. ¡Hay que saltar! Porque el que no salte es de “esos” o de los “otros”. ¡Hay que saltar!

 

La conexión emocional de los jugadores con el partido fue salvaje.  Se jugaban su honor y el de la hinchada en cada jugada, porque así se juegan estos partidos, un clásico no es para tibios ni muñequitos de vitrina, un clásico es para varones.  Y así lo entendió este grupo que se encontró a sí mismo después del bochorno de Neiva. ¡Vamos carajo! La inminente goleada tomó mayor fuerza cuando a borde de área Martínez Borja ganó una falta.  El puto amo que juega por derecha y que en el clásico pasado fue expulsado en un acto de cobardía del árbitro, llegó frente al balón con la certidumbre plena de meterlo. Tal vez exagero si digo que acarició el balón como un homenaje a Bustos, Jersson y Bataglia, tal vez.   La única verdad es que aquel gol de una genialidad indefendible aún retumba en este corazón henchido de orgullo y en la amargura crónica de “esos” (1). ¡Sáquelo! Qué golazo.

 

El juez ordenó el cierre del juego y la noche cargada de emociones llegaba en parte a su fin.  El puto amo con rostro de suegro y voz gruñona lo hizo de nuevo; lanzó a la cancha fértil una manotada de semillas carmín que se hicieron equipo a punta de futbol y güeeeevos para volver a tocar el corazón de un pueblo.  El puto amo los sedujo de nuevo y ellos se mataron en la cancha por él y nosotros.

 

El puto amo es América de Cali. Hoy fueron brillantes, rayaron la perfección.  ¡Gracias!

 

Saludos y gracias por leer estas líneas

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

#EscritoConElAlma

Comentarios

  1. Andrea Mancera

    Alguieb conoce a la personas que escribe esos articulos? Desde que año los escribe?

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