OCHO AÑOS Y UN SEGUNDO

 

En el mismo arco del año anterior, sin la angustia que paría su rostro, con el mismo cielo despejado y hermoso que acompañó ese recuerdo inmarcesible; el negro tomó el balón.  Casi un año pasó, de los ocho que duró esta agonía, para sentir aquella brizna de frescura que supone la salvación. Era una tarde, la de hoy, tan clara y suave como aquella del 97 y la de ese 27.   

 

El morocho levantó su mirada impulsado por el aliento delirante de miles y miles como usted y yo, señor hincha, que si está leyendo estas líneas a veces pretensiosas, es porque compartimos las mismas noches sin dormir y días sumidos en la más absoluta desesperanza buscando explicaciones a un presente majadero, que solo se hizo llevadero por el amor infinito a este color.  Inhaló, antes de poner el balón en el punto de los deseos, la última fumarada de ese aire grueso y tóxico que nos tocó.

 

Miró al arquero rival. Exhaló. Dio una vista de 180 grados al templo que reventaba en un rojo fantástico. La orden del juez no llegaba, pero no había impaciencia. El momento de dejar atrás el estrés de ocho años en los que perder un partido era una tragedia había llegado. El juez ordenó el cobro. El corazón intentó detenerse.  Inició su carrera casi en punta de pies, como introduciendo el lago de los cisnes. Avanzó un metro, luego dos más. Cubrió el balón son su sombra.

 

Parecía que los años de amargura, malas decisiones, lágrimas y golpes en el corazón quedarían sepultados en este instante. Es hora de las vueltas olímpicas, de pelear títulos y flamear de nuevo las banderas por toda Suramérica. El implacable tiempo se detuvo por un segundo… Martínez Borja llegó al balón dispuesto a entregar toda la bondad que sale de su pierna derecha. Abrió su pie…  

 

Es hora de sonreír amigo americano. Nos lo merecemos por tanto aguante, por tanta fidelidad. Por estar siempre junto al rojo y nunca fallarle en la peor de la historia. Sonría hermano de cancha y de locura, abrace a otro americano porque solo los que nos la bancamos sabemos el significado de este domingo. Sacúdalo y dígale que es verdad, que todo acabó, que no habrá más aspirinas, que vienen los caramelos. Comparta con otro escarlata esa lágrima de felicidad que atraviesa su rostro y el latir frenético de este corazón tan fuerte que si ocho años de desgracia no lo detuvieron, nada lo hará. El balón salió disparado rumbo a la red. La gente en la tribuna saltó y se abrazó en la víspera del gol; el negro no falla. Abracé a mi pequeño hijo confundido por la demencia de su padre, y le susurré al oído en un acto puro de educación sentimental – Gol, hijo. Pronto entenderás esta locura –   El balón cruzó el umbral que separa la alegría de la tristeza encontrando la suavidad de las piolas. La cancha se sacudió, el cielo tocó cada alma escarlata, la brisa tímida entonaba canciones del rojo mientras el corazón gritaba al compás del bombo, que somos de primera y que no importa lo que digan los demás. Apenas un segundo tardó el balón en entrar y sepultar por fin ocho años de dolor.

 

Un guaro, triple por favor. – Es hora de sonreír – Salud.

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

 

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

 

#EscritoConElAlma

 

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