LA GRAN MENTIRA

Muchas veces durante el último tiempo, debo confesar,  no he encontrado las palabras para tratar de describir aquello que mi equipo presenta en cancha. He debido hervir y rehervir las letras desgastadas para encontrar un párrafo que resuma el sentimiento maltrecho que causa ver al rojo. Hoy en particular ha sido espinoso hallar el inicio de este texto, así  que solo diré que aún con el tufo a chocolate y pan del desayuno, destapé  una cerveza helada con la cándida utopía de ver al rojo arrollando a un rival histórico.

 

Además de los pies, el fútbol se juega con el alma, con el corazón. Y este equipo no tiene nada de eso. Parecen zombis sacados de algún cuento de terror de Poe. No corren, no juegan, se les ve la desidia por encima de esa camiseta mancillada. No patean al arco, no hay quien desborde y se salga de un libreto mezquino que se prepara en unos entrenamientos fingidos. ¡Qué gran mentira América!

 

Me resisto a creer que estos jugadores y su entrenador no puedan jugar algo de fútbol.  Es inaceptable que estos personajes caros, porque no son empleados de salario mínimo, no puedan hacer goles y ganar partidos.  Es un equipo insípido, frío, triste, lánguido, que no transmite nada.  Es un equipo sin bríos, sometido, dócil, paquidérmico, que no tiene fuerza.  Es un equipo cobarde, pusilánime, miedoso, arrugado, asustadizo, que le queda grande el traje ¡ES QUE NO LES DUELE LA CAMISETA! ¡NO LA SIENTEN ESTOS DESGRACIADOS!

 

Minuto 70. Y no pasó nada en cancha.  Me cuesta recordar un América – Millonarios sin emociones. Minuto 94 y no pasó nada.

 

Alguna vez le preguntaron a Hernán Torres si le iba a hacer falta Lucumí.  Y su respuesta, un poco sobradora por demás fue – Para eso tenemos a Loboa – Esa sentencia resume la gran mentira o la gran estafa de América de Cali hoy por hoy.

 

Hoy es uno de esos días que pensé nunca iban a llegar. Un día opaco en el que cobijado por la sombra  imponente de un viejo Urapán y lastimado por la gran mentira entiendo que nos vamos de nuevo a la ´B´.  Pienso en un segundo descenso, no hay remedio con este equipo sin sangre que tenemos. Pienso en el regreso a Vallledupar, Turbo, y Villavicencio.  Pienso en una ciudad hecha trizas, en un estadio  a medio caer y ríos de dolor.  Veo adultos infartados y niños llorando.  Veo fuego, piedras que atraviesan las llamas que se elevan hasta el cielo del averno y un pueblo entero sublevado ante la gran mentira que nos han tendido como tobogán a la desgracia.

 

¡HAGAN ALGO! Ya sufrimos suficiente. No más.

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

 

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

#EscritoConElAlma

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