FIN DEL PRIMER TIEMPO

Al equipo feroz del miércoles que nos tocó el corazón con una caricia seductora le faltaron 45 minutos.  Entonces, cuando el juego de hoy iniciaba su andar, el rojo se lanzó encima de su oponente como una prolongación de esa noche inconclusa y le arrebató el balón al rival en su propia cancha, en sus narices.  ¡Vamos!

 

Palacios, que al parecer encontró su lugar en una cancha de fútbol, descontó de forma brillante un par de conos blancos y prolongó un pase que apenas hizo una leve escala en Lucumí, antes de llegar a los pies de Martínez Borja quien extendió los brazos, sacudió su marca con el esternón, se abrió paso con su vista implacable entre tres rivales más y sació la sed de los incrédulos con un zapatazo soberbio que sacudió la red del arco sur, su favorito en casa, detonando en la garganta de miles el grito de gol.  Gol de América, del rojo, la pasión, la banda, la mecha, la mechita o como prefiera llamar al primer amor. ¡Gooool!

 

El equipo recogió sus esquirlas regadas en Neiva siete días atrás y las hizo roca en el verde césped que rimaba, como en un verso de Neruda, con el traje rojo infinito que el cielo eligió para la tarde de San Fernando y al que solo le faltaba un pase, una sinalefa que uniera aquel marco hermoso con el fútbol.  Y Angulo, que hoy corrió más que en todo el año, lo hizo.  Exageró la precisión el miserable, entre cinco rivales, acomodó un balón de esos que conmueven y te sacan un elogio de más. Vélez recibió y con el último aliento propio y de la tribuna, tocó a Silva y éste a la red. ¡Hay que saltar! ¡Hay que saltar! ¡Hay que saltar! – Pero, que gol, por Dios –.

 

Sin pausa, al frente, como le gusta a la gente. Así era el ritmo de este equipo que se imponía en cada rincón de la cancha.  ¿Por qué no jugamos así con Rionegro, Jaguares, Millonarios y Huila? La búsqueda de la respuesta a esta pregunta peregrina se disolvió cuando Lucumí desde mitad de cancha con occidental, gambeteó, escondió el balón, tocó, pasó, saltó a recibir en el área donde fue derribado.  – Peeeeenal –  Martínez Borja, ese jugador que nos hace amar la pelota, una pared o un pase sin balón y que hoy es el alma de América y su gente, cruzó el remate a la derecha del portero, corrió, alzó sus brazos, y fue arropado por el abrazo más caluroso de todos, el del gol.  El juego ya tenía ritmo de tunda, la felicidad era mayúscula y por un instante la tabla del promedio valía un rábano o no existía.  Y faltaba algo, bello por demás.  La ingeniera ofensiva del equipo el día de hoy gestionó otra tarea… El balón cruzó el área rival y Martínez Borja no logró definir.  Perdió el ángulo. Apenas lo controló cuando ya estaba fuera del calor  y lo devolvió al fogón con un tacón hermoso, mágico, que Silva recibió y selló con gol.

 

Qué digo gol, ¡GOLAZO! Mil veces ¡GOLAZO!

 

Dame tardes como esta América, para olvidar que peleamos abajo con pocas armas en medio de una realidad estresante que no da tregua.  Dame goles como los de hoy América, para encontrar siempre ese abrazo de gol con un hermano americano. Dame momentos como estos 45 minutos América, para dejar de jugar a la buena de Dios y salir juntos del sótano, ustedes en la cancha jugando como lo hicieron el primer tiempo de hoy, y nosotros cantando en la tribuna donde dejamos el aliento y encontramos motivos para vivir.

 

Fin del primer tiempo.

 

Saludos y gracias por leer estas líneas

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

#EscritoConElAlma

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