ENTRE REPROCHES Y ESPERANZA

#EscritoConElAlma

 

El rojo estaba en la cancha de Palmaseca. El corazón bombeaba sangre con mayor intensidad y los nervios crispados sacudían la extraña tranquilidad de la tarde. El balón ni siquiera había provocado la primera emoción cuando la tarjeta amarilla se elevó sobre Blanco. – Nos vamos a quedar con 10 — El clásico pintaba complejo.

 

Sin embargo no fue así.  América controló el juego y a su rival pero careció de profundidad. El partido digno del bostezo no fue más que un sancocho de patadas, faltas menudas y amarillas. Pero como el alma que se encuentra empeñada a un color no entiende de razones, cada pelota recuperada era un crédito extra en esto de la permanencia. ¡Que alguien patee al arco! Cada avance del rojo era una esperanza y cada pelotazo de Hérner, los impacientes disfrazamos de una oportunidad para volver a vivir. Así se fue el primer tiempo, con la tranquilidad del cero en el arco pero con la desesperanza de saber que no había con que anotar un golecito.

 

América intentó proponer un poco más pero sin patear al arco de un aquero que se comió cinco goles en una final.  No obstante, había una leve convicción que el gol iba a llegar y todo esto que estoy escribiendo se fuera a la mierda pues íbamos a ganar. Entonces, como una premonición, llegó un tiro libre que aguó el paladar de Angulo mientras caminaba desafiante al balón.  Los americanos agolpados en silencio en las tribunas ajenas preparaban la avalancha de camisetas blancas hacia a la cancha como en el tráiler del cortometraje de Artigas. Se podía sentir la angustia del vecino latiendo al compás que le marcaba la esperanza de los nuestros… Era gol. Era gol. La dicha inaplazable de ganar el clásico estaba en esa jugada. Era gol. Angulo, repleto de confianza y algo más, pateó el balón que lentamente se alejó persiguiendo el aroma de la red. Era gol. Pero el palo atrapó el grito encarnizado que preparaba esta alma peregrina y de paso sentenció el lánguido empate que no tuvo más para contar.

 

Entre reproches y esperanza creo y seguiré creyendo ciegamente en la permanencia hasta que no haya un ápice de esperanza. También sé que solo hasta el minuto 94 del partido con Bucaramanga podremos respirar tranquilos y disfrutar de una vez por todas del regreso  que tantas lágrimas costó. Hasta entonces, y mientras espero con ansías los resultados de mañana y el nuevo parto del miércoles, seguiré reprochando en silencio las malas decisiones, la tardanza en tomar algunas, los patacones que nos metieron, los puntos que miserablemente se fueron y los que de forma inexplicable no cobramos. Me cuesta explicarle al sensato que pocas veces se sienta a mi lado a escribir con el alma parrafadas llenas de esperanza, que a pesar de la buena gestión del profe Da Silva es posible que solo nos queden tres partidos en primera división.  A pesar de estar envueltos en un manto inmenso de esperanza, es inevitable pensar que pueda suceder.

 

Y la verdad, es escalofriante. 

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

 

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

 

 

 

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