EL FRIO DE UNA NOCHE HELADA

Armani voló replicando la atajada de Bejarano. Los rojos ceñidos al guion preparado se agruparon en un sector de la cancha, agazapados, esperado la falla del local que no encontraba el camino. La lluvia hacia más clásico el clásico y Martínez Borja luchaba con Henríquez. La tensión era evidente. La acción caía sobre los arcos como cierta premonición y los balones llovían sobre las áreas. El gol no asomaba como si lo hacia la ansiedad que crecía exponencialmente.

 

El equipo jugaba bien, hasta se veía mejor por instantes.  A la distancia, el pueblo que desde temprano vistió su camiseta de cábala, cantó canciones del rojo, leyó periódicos antiguos de tiempos mejores y regocijó el alma con imágenes que no se borran del álbum del orgullo, germinó en el frio de una noche helada la certidumbre de lograr la victoria.  Ni siquiera un autogol de Angulo silenció esa convicción.  – Desgraciados tan de buenas – Luego Cortés la tuvo de frente, diáfana, con más arco que tribuna en su vista y… – Desgraciados tan de buenas –

 

Entonces, vino el temor.  El recelo infundado de no lograr la constancia suficiente para llevar el laurel de vuelta a casa. El esfuerzo del primer tiempo empezaba deteriorar el corazón del medio campo donde las arterias se tornaban insuficientes. Algunos dejaron de correr para trotar forzados por el rigor del juego y con ello las grietas que no tardaron en surgir. Entonces, la Virgen del Carmen que el profesor Torres adora, volvió a aparecer envuelta en un manto rojo que dejó al rival con 10 por tercera vez en este campeonato.

 

– A ver si esta vez aprovechamos –

 

El rival lejos de encerrarse a cuidar la victoria, en una acción suicida adelantó a sus hombres y presionó, sí, presionó la quebradiza línea defensiva de América. El rival lejos de pelotear y lanzar el balón a las comunas tocó y tocó hasta encontrar alguna falta que les diera respiro. El rojo, nervioso, impotente y débil no encontró la pelota y solo se sacudió con un remate al palo de Botinelli.  El frio de una noche helada cerró su arrebato cuando el local marcó el segundo que terminó en las manos dobladas de Bejarano con una cadena de errores propia de jugadores superados en cancha. Perdimos y nos merecemos el coro doloroso que terminó arrullando la noche de los antioqueños.  Listo, nos ganaron bien.

 

Me voy a dormir ligeramente tranquilo por una gran parte del partido y del juego del equipo. Pero me voy absolutamente emputado porque es el tercer equipo con 10 jugadores por más de 25 minutos al que no somos capaces de fingir que le queremos marcar un gol. Me voy a dormir colérico porque las malas decisiones se llevan a la mismísima porra los punticos que nos han de sacar de este atolladero putrefacto. Dormiré con el clásico sabroso entre el más grande y el más popular en mi cabeza, repasando lo que mi juicio no deja pasar en el frio de una noche helada y esperando en la insaciable rutina del hincha del más popular, que Jaguares no sume mañana en Bogotá. Triste pero real. Así es y así estaremos hasta la fecha 19 o 20 de este calvario que dizque íbamos a poner en orden. ‘Ja’.

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

 

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

#EscritoConElAlma

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