DOMINGO DE TERQUEDAD

Dicen en este mundo abstracto del fútbol; “Equipo que gana no se cambia”. Y tal vez tengan razón, tal vez. Hoy, y luego de comerse un baile inmarcesible que todavía sacude los titulares de El Heraldo y que hierve aún en el hígado del hincha; América, con la necesidad hecha obligación de ganar por aquello que llaman promedio, saltó a la cancha con la misma nómina que estuvo cerca de comerse siete goles en el Metro. Entonces, “Equipo goleado, vapuleado y reducido a su mínima expresión, tampoco se cambia” Qué postulado macabro.

 

El juego de América empezó a ser predecible como las maneras de su entrenador. El colectivo no asoma y el peso individual no se muestra decisivo como en los primeros 200 minutos de este semestre. Con todo eso y la carga que supone repetir un once goleado, el equipo creó un par de ocasiones que no atendieron la red. Sin embargo, el rojo fue insípido, desaborido, insulso y no trasmitió emociones al cabo de 45 minutos. Y para rematar, algo untados de boñiga y con el agua lejos, penal para Equidad… Amo a Bejarano.  Tiene separado en mi corazón de hincha un espacio especial, siempre que lo veo intento saludarlo para enseñarle un rostro americano de sincero agradecimiento. Lo respeto profundamente, pero rara vez coge un penal. Gol de Equidad.

 

El equipo siguió enredado y sumido en un sopor maldito. La tribuna oriental que prestó sus sillas a los sancionados rugía pidiendo güeeeevos güeeeevos y bramaba exigiendo al equipo que se moviera, que dejara de joder. El equipo metió pero el empuje se ocultó tras la falda de la impaciencia.  Los cambios apenas refrescaron el desorden porque no aportaron la lucidez esperada. El reloj avanzó vehemente frente a la mirada pasmosa de entrenador y jugadores, y asaltó la paz perdida del hincha que buscaba explicaciones en el techo azul y en la tabla del promedio. 80 minutos hoy más 24 partidos y seguimos viendo de cerca la bruma y sintiendo el acechante frio de las cloacas. Escalofriante. – Esto apenas comienza – Dicen algunos.

 

Brayan Angulo que entró como solución, se comió el empate que a esa hora se antojaba como un rubí. El reloj seguía implacable.  Olmes García se pasó la tarde corriendo y meneando la cintura como huyéndole al juego. Es un jugador livianito para rematar partidos definidos o jugar copa, no para ser titular y aguantarlo con terquedad de yegua.  Sobre el final recibió una falta penal compensando su inocente falla en el de Equidad y cubriendo a la vista de ciegos un partido horrible.  Silva tomó el balón con la responsabilidad poner un punto sobre Jaguares y “Booom” adentro. Gol.

 

– Acábalo juez –  No hay más para contar hoy. Todo quedó en la retina y en la gaveta donde archivamos con rabia y desazón una hoja arrugada con el resumen de un domingo parco y vacío, un domingo cásico de entrenador, un domingo de terquedad.

 

Este equipo desaceitado de hoy y con la confianza agrietada debe viajar a Montería y enfrentar a Jaguares el sábado en horario de corraleja. Allá hay una letra por cobrar. Hay que recoger unas migajas de dignidad que algunos pusilánimes empeñaron de forma ruin.  Para quienes sentimos esta camiseta en el alma porque no nos hicimos hinchas a los diez o a los doce años, o fuimos criados por una generación de triunfos, para nosotros que somos hinchas desde el génesis, desde la primera canción de cuna, sabemos que ese partido del sábado hay que ganarlo. No solo por esa tabla desgraciada sino por el orgullo y la resaca de esa misteriosa tarde cordobesa.  Que sea un sábado de coherencia y no uno de terquedad como el domingo que acaba de partir. Amén.

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

 

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

 

#EscritoConElAlma

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