AMÉRICA Y SU GENTE

#EscritoConElAlma

 

América y su gente se encontraban en la víspera de una noche cargada de sensaciones y color. Juntos llegaron a la cancha para escribir sobre el lienzo de San Fernando un fragmento  pleno de emoción que liberara aquella carga que taladra el corazón angustiado.  ¡Vamos América! El día es hoy. Nos lo merecemos. Es la hora. ¡Vamos!

 

La noche silbaba con una melodía extraña. De esas que alguna vez recordarás y te arrebatará una sonrisa fugaz. Aquel sonido, mezclado con el aliento ensordecedor del pueblo, acompañó un balón que Hérner protegió con dedicación de padre. Luego de tenerlo a salvo lo entregó a Angulo que a lo lejos observó la figura pasmada de su colega de banda, y con una precisión absurda lo acomodó en su pie derecho.  Vélez lanzó al área una caricia que parecía perderse en la densa marea de un cortejo absurdo… Lizarazo, excediendo la perseverancia llegó con su pie izquierdo y con apenas un toque sutil, casi imperceptible, dejó el balón  al filo del gol entre la red, Martínez Borja y el grito contenido en la garganta. ¡Gooool! América y su gente saltaban, se abrazaban, reían, estiraban el grito de gol para hacerlo inmortal. América y su gente cantaban música de la popular que hervía y golpeaba con la fusta de su voz la necia incredulidad  de algunos. El Polilla cantaba el gol como un americano de los sesentas, como un goleador de los noventas y como un mártir de esta década. La felicidad invadió ese pedazo de cielo que se mecía y no paraba de rugir. Gracias por este momento América de mi vida.

 

Y luego, como si no hubiesen pasado 50 minutos de aquella descarga, el sentimiento escarlata estalló de nuevo y reventó lo que quedaba de noche. Olmes a punta de cojones consiguió un tiro de esquina. Botinelli cobró y Hérner, el capitán, ese que no arruga, el de los cierres trascendentales el noviembre pasado, se lanzó sobre el balón y sentenció en la red el destino de esta noche mágica.  ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! Un gol que estremeció la comisura del alma donde habita esta pasión desenfrenada.  América y su gente de nuevo juntos fundidos en  el abrazo más sincero de todos; el abrazo de gol.

 

Fueron brillantes. Dejaron todo en la cancha, se vaciaron. El Polilla tomó estos jugadores  y les impregnó mística de su raza, la uruguaya. Hizo de estos jugadores piezas de ajedrez y no simples fichas de madera. Llenó de confianza un camerino herido y mandó a la cancha con cada hombre vestido de rojo un manojo de güeeeevos  del tamaño de esta historia.  El rojo sostuvo la victoria y terminó el partido tocando con convicción abrumadora y entre paredes cortas esperó el final del juego que produjo la tercera erupción de la noche; ¡GANAMOS!

 

América  y su gente se debían un partido así para dejar claro que no habrá más desgracias porque las lágrimas se agotaron y el dolor fue superado. Ellos, América y su gente, merecen más alegrías, más noches como estas, más abrazos de gol. ¡Vamos América!

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

 

Comentarios

  1. Santiago posada perez

    Muchas gracias por la columna, literalmente me dieron ganas de llorar pero no de tristeza sino de alegria, serán muchas cosas buenas las que se vienen, un abrazo de gol.

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