¡AMÉRICA ES DE PRIMERA!

#EscritoConElAlma

 

Santafé tocaba y tocaba buscando el espacio que no encontró mientras América esperaba como ignorando el arco de Rufai que nunca visitó. La propuesta del rojo, excesivamente conservadora y por momentos tan confusa y disparatada como el “tifo” de la Guardia Albirroja,  se consumió los minutos  y por instantes prolongados la paciencia de quienes llegaron a la cancha entre aguaceros y esperanza.  Bejarano atajó dos, una de ellas brillante. El equipo cumplió con el cero. Pero… Pero.

 

Al finalizar el primer tiempo el salpicón de resultados de las otras plazas más algunos cálculos someros de matemáticos improvisados, arrojaban el mismo resultado a la ecuación: el empate era y seguiría siendo buen negocio.

 

Santafé mejoró y fue más incisivo mientras América seguía firme y aferrado al resultado. Parecía que el juego apenas se sufría en la tribuna porque en la cancha los de negro se veían inmensos y convencidos. Pero faltaba ambición. Ese empuje para romper el molde y buscar el gol que liquidara de una vez por todas esta angustia y poder gritar sin ninguna amenaza promedios absurdos: ¡AMÉRICA ES DE PRIMERA!

 

Los resultados no se estaban dando fuera del Campín… Un gol de América lo cambiaria todo.  En el fondo, por una vaga convicción que me acompaña siempre que me visto de rojo, sabía que el gol iba a llegar y que sería sublime celebrarlo en esta cancha llena de recuerdos. Sin embargo, era una realidad que no había como y que salvo una pelota quieta, el cero estaba firmado.

 

El juego agonizaba y tras un rebote que Bernal ganó y cedió a Arboleda sobre oriental con sur; el momento había llegado… Arboleda templó a ras de césped un centro brillante que ningún rival interceptó y que Rufai, mi querido Rufai, apenas vio pasar frente a sus ojos. Hérner se lanzó sobre el balón. El gol era una realidad. Podía sentir la paz de la permanencia y el susto de buena parte de los locales. El balón pasó y medio segundo después la pierna de Hérner. ¡Nooo! Qué cerca estuvo. Qué cerca.  Mientras refunfuñaba por la anterior, Arboleda recibió solo en el área y de nuevo la llama del gol se encendió.  Controló como Toloza en sus tiempos de rojo y perdió el rumbo de la jugada.  Sin embargo, el balón seguía en juego y Rufai arrolló al nuestro… – Peeeeeeeeenal – Nehh. Roldán no lo iba a pitar.

 

El juego terminó y la tensa calma que vivimos los americanos sigue reinando en el corazón y la mente. A pesar de los buenos resultados la cornisa sobre la que caminamos a tientas sigue agrietada.  Falta el último empujón. Los últimos 90 minutos, el último aliento. Será en dos semanas cuando la tabla de posiciones sea real, las diferencias estén claras y cuando 38 mil americanos griten al unísono como hace un año: ¡AMÉRICA ES DE PRIMERA! Hasta entonces, contaré los minutos en el reloj y los días en el calendario con la ansiedad propia de noviembre. ¡AMÉRICA ES DE PRIMERA!, lo sabe el mundo entero, el americano pura sangre y el desprevenido, los melancólicos de la estupidez y la amargura, el periodista, el vendedor de lechona, la reportera de labios carnosos  y el narrador. ¡AMÉRICA ES DE PRIMERA! Y punto. 

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

 

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

 

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