PRONTO ESCAMPARÁ

#EscritoConElAlma

 

El cabezazo silenció la vida. Ese gol de Patriotas trajo a la cancha aquel aroma despreciable que nos persigue desde la horrible noche. El rojo jugaba mejor pero un descuido marcaba el camino de la angustia que debíamos recorrer  esta noche que se insinuaba horrible o tal vez maldita. América, preso de una angustia capital perdió los papeles, los espacios, la calma y con ello el partido emotivo que debía vencer en la cabeza: ¡Estamos en la ‘B’!…  El reloj frisaba el final del primer tiempo cuando de la nada García logró un penal. ¿Penal? ¡Penaaaaal!

 

Martínez Borja acomodó el balón y fijó la mirada desafiante sobre el arquero. Pensé lo peor. Que se lo iban a atajar. Que iba al palo. Que se iba a descachar… Respiré tratando de frenar el corazón. La excitación era tal que podía sentir la palpitación frenética de los riñones.  ¡GOOOOOL HIJUEPUTA!  El balón selló el gol que precedió un madrazo de felicidad.  ¡GOOOOOL HIJUEPUTA!   Vaya gol importante. Qué momento.

 

El alba del segundo tiempo trajo una descarga emocional difícil de describir. Blanco repleto de güeeeevos y compromiso encimó a un rival en su propio campo y rescató un balón que cayó en los pies de García. Ese, al que irresponsablemente llamaron ‘Usu’, lo llevó hasta el límite del área donde frenó y parecía perder el norte de la jugada. De la nada, como suceden los milagros inesperados al filo de la desgracia, cacheteó el balón con un desparpajo abrumador y en un segundo que fue un siglo, acarició la red haciendo de aquella agonía una borrasca de ilusión. ¡GOLAZO! Golazo América de mi vida. Vamos que juntos salimos de esta. Vamos que nunca estarás solo, rojo, rojo de mi vida. ¡Vamos, carajo!

 

De repente, América no solo estaba arriba en el marcador, además ganaba el partido emotivo, ese que no se juega con las piernas sino con la cabeza.  Ese que le da a un jugador la tranquilidad de lanzar un pase profundo con precisión de relojero. Ese tramo que permite a un jugador ganar un duelo en la línea y lanzar un centro escandalosamente preciso a la cabeza de un compañero que atacó la pelota con ferocidad, convicción, carácter y determinación para reventar la red contraria y provocar un éxtasis que solo entenderá el que saltó y gritó al cielo donde llegan las plegarias del diablo: ¡GOOOOL HIJUEPUTA!

 

Todo estaba en orden. La calma reinaba en la cancha y tribuna. Y una extraña sensación de paz invadió el corazón que se resiste a sufrir más. ¡Ganamos!

 

El día terminó como lo imaginé al despertar en la mañana lluviosa de hoy. Con esa sonrisa mágica que solo el rojo puede dibujar en el rostro de los americanos. Con los puntos en la bolsa y la ilusión radiante en el corazón. Cantando que soy del rojo y no me importa nada. Cantando que el sentimiento de ser escarlata me hace delirar. Cantando que para ser campeón hay que ganar. Imaginando que todo está por acabar y sonriendo feliz esperando que el sábado este equipo nos entregue la dicha inaplazable de ganar el clásico.  La lluvia arrecia. Redobla su intensidad, se oyen truenos; pronto escampará. ¡VAMOS AMÉRICA!

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

 

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

 

 

 

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