AMARGURA. . .

Bogotá, siempre bella, abrió sus brazos y vistió su mejor traje.  El frío y vértigo de la Atenas hicieron una pausa repentina para entregar su manto a un calor y sosiego peculiares. La ciudad se movió, Monserrate y Guadalupe parecían envueltos en una neblina roja y en las calles solo se escuchaba el eco resonante del dale rojo, dale. La noche impenetrable, sucumbió ante una avalancha de corazones palpitando juntos y las estrellas se perdieron en medio de las bengalas que llegaban al cielo disfrazado de rojo. La capital se estremeció.  Hervía en llamas de pasión. ¡América estaba en Bogotá!

 

Sin embargo todo aquello se esfumó.  Primero tratando de entender la herejía de iniciar con ocho jugadores para “defender” y casi ninguno para atacar a Tigres… A Tigres, maldita sea. Luego por una carencia absoluta de ambición y al final por el grito que la garganta no pudo parir cuando Martínez Borja peinó el balón que miserablemente no tocó la red.

 

El entrenador que desperdició 45 minutos valiosos en esto de pelear por la permanencia, metió la mano y de entrada movió el equipo que ligeramente mejoró su producción. Angulo por poco repite la pintura de Miami y Popayán pero de nuevo como minutos atrás, el gol apenas fue una ilusión óptica.   

 

¿Cuánto falta? — 30 minutos — Respondió una voz angustiada. El rival se quedaba con 10 y la tribuna elocuente e incansable gritaba como si de ello dependiera su vida: “Vamos rojo, vamos. Pongan güeeeevos, que ganaaaaaamos”

 

¡Paaaalo! No puede ser.  El equipo intentaba sostenido por el desorden propio de su angustia. El balón seguía asomando su nariz en el área rival pero la alegría no llegaba y la ansiedad desplazaba cualquier asomo de sensatez.   ¡Paaaalo! No puede ser. Cómo no entra, por Dios. Como quisiera escribir que esto es una joda y que el balón entró dos veces y que el equipo paseó a su rival ante la mirada orgullosa de su tribuna que alienta con devoción reverencial.  Pero no fue así. Por desgracia.

 

¿Cuánto falta? — Uno más la adición — Respondió una voz temblorosa. Nos salvamos y el juez levantó sus brazos para que corriera un airecito sepulcral en el corazón de los miles que dejamos todo por este color. ¡Perdimos! Y ojalá no tengamos que recordar este partido en  una noche de lamentos.

 

Al final no hubo alegría y las caras largas desplazaron los rostros radiantes que horas atrás llegaron a la cancha. Al final no hubo éxtasis. Al final solo reproches. Ya escuché por ahí en pasillos que “15 de 15”.  Que faltan cinco finales y que vamos a muerte. ¡Por qué no fuimos a muerte hoy, carajo! ¡Por qué no jugamos esta recocha como una final, carajo! También escuché con dolor que mientras hayan matemáticas hay esperanza; y mientras escuchaba esa frase tan desoladora como un “Si se puede” vino a mi mente algo que escribí varias veces en un libro cuando estaba preso en las cloacas de la ‘B’: Cuando las matemáticas entran es porque el fútbol y los güeeeevos se han ido, o peor en este caso, nunca llegaron.  Amargura titulé esta reseña porque así me siento y porque el título original no me lo hubiera perdonado jamás.

 

¡Vamos América! 

 

Saludos y gracias por leer estas líneas.

 

MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226

 

Comentarios

  1. Oscar Mauricio Urrego

    Mauricio.

    Totalmente identificado con tu artículo…” Ante la adversidad el miedo no es la mejor opción” . Salir ante Tigres con 4 Volantes de recuperación ( 3 Netos de recuperación , uno mixto, para ser más exactos) muestra el gran temor que existe en las entrañas de nuestro amado equipo.

    La pregunta es…….. ¿ Frente a quien vamos a buscar los puntos que nos saquen de éste infierno ?

    Extraño en nuestro DT, quien por el sólo hecho de ser Uruguayo debería ir a muerte y pedir como requisito ” sudar sangre ” en el tapete verde por todo lo que significa la palabra AMERICA…….

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